LA CIUDAD SEGURA ES LA QUE SE ANTICIPA

Vicenç Guillèn defiende que los mejores aliados para conseguir una ciudad segura, tanto para los habitantes como para los turistas, es anticiparse mediante un diálogo continuado entre sociedad civil y las autoridades

 

Por Vicenç Guillèn, Ceo de Mārs Intelligence.

La sensación de inseguridad es una percepción subjetiva. Que siempre se basa en una serie de hechos negativos y en la intensidad de los mismos. O como se explican. Una sensación de inseguridad a menudo se produce sin un incremento significativo del número absoluto de delitos. Pero la responsabilidad de gobernantes -y sociedad civil- no tendría que ser refugiarse en las estadísticas: la misión tendría que focalizarse en que los ciudadanos y visitantes de una ciudad estén tranquilos y disfruten en su tiempo laboral, de ocio y consumo.

Existen unas evidencias -prácticamente universales- en las ciudades occidentales. Unas calles con actividad son unas calles más seguras. Unos espacios públicos limpios y muy iluminados son aliados para conseguir una ciudad menos insegura. Y la comunicación entre las instituciones y los ciudadanos y sus representantes vecinales, si es fácil y rápida, también aplaca la sensación de abandono de los responsables públicos.

Estas evidencias descritas resultan obvias. Pero a menudo olvidamos los básicos. El primero de estos también sería que la mejor manera de evitar la delincuencia es evitar la desigualdad. A más pobreza, más delincuencia. Este, obviamente, es un tema estructural y estratégico, y no está en relación directa con los gestores de la seguridad pública. Pero no por eso se debe perder de vista.

Sin los básicos de limpieza, iluminación y actividad en las calles no será posible pasar a estadios superiores donde podríamos introducir elementos tecnológicos predictivos que ayuden a ser más efectivos a la hora de abordar la prevención de delitos por parte de los diferentes cuerpos policiales.

Así, hace falta que la sociedad civil acompañe las autoridades y los representantes vecinales o asociativos afin de que se hable de manera continuada y periódica. Siempre proactivos. En la constancia de las relaciones es donde se construye confianza y el diálogo sincero. Un diálogo que es imprescindible.

«Se plantea la necesidad de cambios normativos y legales; un ejemplo sería el endurecimiento de las penas ante la reiteración de pequeños hurtos»

A partir de este diálogo continuado se pueden observar tendencias que nos permitirán anticiparnos a que la sensación de inseguridad se haga palpable y arraigue entre ciudadanos o turistas. Anticipación como la mayor presencia policial en un espacio de tiempo concreto, un plus importante de limpieza en una zona o el apoyo institucional a actividades en las calles son el mejor elemento preventivo.

A medio y largo plazo también hay que prever y anticipar la necesidad de cambios normativos y legales. El ejemplo paradigmático sería, por ejemplo, el endurecimiento de las penas por la reiteración de pequeños hurtos que crean una sensación de impunidad muy extensa, y que exaspera las víctimas y dificulta la tarea de los efectivos policiales.

En definitiva, el papel de las ciudades es imprescindible. Las regulaciones normativas y las tendencias del bienestar del futuro se configuran a las urbes. La concentración de población y visitantes, y su grado de convivencia, hace que sea el mejor espacio para indicar cómo evoluciona la sociedad de un país. Sin desmerecer ni ningunear el ámbito rural y su casuística concreta. Es en las ciudades y sus entornos donde hay que analizar e implementar las políticas marco de seguridad de las regiones y los estados.

Y los mejores aliados para hacerlo son el diálogo continuado que haga posible la detección de los problemas que permitan la anticipación antes que una actuación reactiva. Una ciudad segura es una ciudad que se anticipa.

Por Vicenç Guillèn, Ceo de Mārs Intelligence.

La sensación de inseguridad es una percepción subjetiva. Que siempre se basa en una serie de hechos negativos y en la intensidad de los mismos. O como se explican. Una sensación de inseguridad a menudo se produce sin un incremento significativo del número absoluto de delitos. Pero la responsabilidad de gobernantes -y sociedad civil- no tendría que ser refugiarse en las estadísticas: la misión tendría que focalizarse en que los ciudadanos y visitantes de una ciudad estén tranquilos y disfruten en su tiempo laboral, de ocio y consumo.

Existen unas evidencias -prácticamente universales- en las ciudades occidentales. Unas calles con actividad son unas calles más seguras. Unos espacios públicos limpios y muy iluminados son aliados para conseguir una ciudad menos insegura. Y la comunicación entre las instituciones y los ciudadanos y sus representantes vecinales, si es fácil y rápida, también aplaca la sensación de abandono de los responsables públicos.

Estas evidencias descritas resultan obvias. Pero a menudo olvidamos los básicos. El primero de estos también sería que la mejor manera de evitar la delincuencia es evitar la desigualdad. A más pobreza, más delincuencia. Este, obviamente, es un tema estructural y estratégico, y no está en relación directa con los gestores de la seguridad pública. Pero no por eso se debe perder de vista.

Sin los básicos de limpieza, iluminación y actividad en las calles no será posible pasar a estadios superiores donde podríamos introducir elementos tecnológicos predictivos que ayuden a ser más efectivos a la hora de abordar la prevención de delitos por parte de los diferentes cuerpos policiales.

Así, hace falta que la sociedad civil acompañe las autoridades y los representantes vecinales o asociativos afin de que se hable de manera continuada y periódica. Siempre proactivos. En la constancia de las relaciones es donde se construye confianza y el diálogo sincero. Un diálogo que es imprescindible.

«Se plantea la necesidad de cambios normativos y legales; un ejemplo sería el endurecimiento de las penas ante la reiteración de pequeños hurtos»

 

 

A partir de este diálogo continuado se pueden observar tendencias que nos permitirán anticiparnos a que la sensación de inseguridad se haga palpable y arraigue entre ciudadanos o turistas. Anticipación como la mayor presencia policial en un espacio de tiempo concreto, un plus importante de limpieza en una zona o el apoyo institucional a actividades en las calles son el mejor elemento preventivo.

A medio y largo plazo también hay que prever y anticipar la necesidad de cambios normativos y legales. El ejemplo paradigmático sería, por ejemplo, el endurecimiento de las penas por la reiteración de pequeños hurtos que crean una sensación de impunidad muy extensa, y que exaspera las víctimas y dificulta la tarea de los efectivos policiales.

En definitiva, el papel de las ciudades es imprescindible. Las regulaciones normativas y las tendencias del bienestar del futuro se configuran a las urbes. La concentración de población y visitantes, y su grado de convivencia, hace que sea el mejor espacio para indicar cómo evoluciona la sociedad de un país. Sin desmerecer ni ningunear el ámbito rural y su casuística concreta. Es en las ciudades y sus entornos donde hay que analizar e implementar las políticas marco de seguridad de las regiones y los estados.

Y los mejores aliados para hacerlo son el diálogo continuado que haga posible la detección de los problemas que permitan la anticipación antes que una actuación reactiva. Una ciudad segura es una ciudad que se anticipa.

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