TURISMO, NUEVOS TERRITORIOS, MÁS GESTIÓN

El presidente de la Fundación KIMbcn defiende en un artículo de Construir la ciudad que el turismo debe abordarse desde una perspectiva regional y metropolitana, y considerar como un aliado para el desarrollo del territorio

Por Jordi William Carnes, Presidente de la Fundación KIMbcn

Un largo y corto viaje
El turismo en el sentido de impacto social en nuestro país vino de la mano de los asalariados europeos (alemanes, ingleses y franceses, principalmente), que después de la segunda guerra mundial, y en el marco del pacto social para reconstruir Europa, habían conseguido tener vacaciones pagadas. La gente adinerada siempre ha viajado.
El primer destino, fue el de sol y playa, bienes escasos para la mayoría de ellos. A mediados de los sesenta el ciudadano español también se incorpora a estas vacaciones y el apartamento en la playa se convierte en el símbolo de un estatus social. Esta realidad generó unas infraestructuras y todo un universo (social, cultural, gastronómico, urbanístico, logístico) para acoger estos visitantes.
Con esta industria del Turismo llevamos más de sesenta años y somos uno de los líderes mundiales en este ámbito. Hemos aprendido y sabemos gestionar, lo validan tres generaciones de trabajadores y empresarios. Tampoco olvidemos que hace treinta y cinco años, con el impulso de los fondos europeos para el desarrollo rural, empezó el turismo rural, inicialmente como complemento a las rentas agrarias, y posteriormente como recuperación de ese patrimonio rural olvidado i/o deteriorado. En la actualidad el reto se centra en el de coordinar las ofertas de alojamiento y las actividades en el entorno que visitamos, es decir “¿qué puedo hacer cuando me levanto en este lugar tan bonito?” hecho que hace que la venta cruzada de alojamiento y actividades sea aún incipiente y que una fragilidad de las conexiones de internet presente otro nuevo reto. La parte positiva es que la gestión, mayoritariamente familiar, se consolida y se profesionaliza.
Finalmente, topamos con el turismo urbano, el último en llegar a la clase, que más allá de experiencias históricas vinculadas a la aristocracia europea, se ha impulsado de forma muy activa en los últimos veinte años por los fenómenos de “low cost” en la movilidad, con los precios de los aviones como el gran acicate del concepto “city break” y una cultura de “la escapada del fin de semana”, donde “es más barato irse fuera que quedarse en casa”.
En el sol y playa todos van en la misma dirección, hay conciencia de que el soy y la playa está donde está y cuando está, y el mundo rural es de fin de semana y vacaciones.
La urbe ofrece múltiples facetas y posibilidades con la consiguiente proliferación de actores: el alojamiento, la alimentación, la movilidad, el comercio, la cultura que son piezas básicas, pero sin olvidar los trenes, aeropuertos, puertos, y más operadores públicos y privados. Aunque los ritmos y prioridades no son siempre coincidentes.
Después de estas breves notas de contexto permítanme fijar posibles ejes del debate actual.

Un nuevo viaje
¿Por qué hemos tenido o podemos volver a tener el fenómeno del turismo fobia? Quizá la Covid nos puede ayudar a poner en perspectiva qué tenemos y qué nos falta para gestionar en positivo el turismo urbano.
La economía española, la catalana y la de la ciudad de Barcelona, tienen en el turismo uno de sus ejes principales. El debate sobre las externalidades negativas y el poco entusiasmo de ciertas clases dirigentes en defender la importancia del turismo es interesante. Muchas ciudades, entre ellas Barcelona, viven el turismo como un mal menor. Algunos actores han creído que haciendo bandera contra el turismo obtendrían réditos electorales. Antes del Covid era fácil el diagnostico. En la actualidad y con los futuros que tenemos puede ser peligroso ¿Qué puede hacer Barcelona, y por ende otras ciudades semejantes? Ante todo, asumir que las economías de los visitantes, con todas las múltiples categorías y condiciones, son un actor esencial en el paisaje de Europa.
El nuevo reto de Barcelona y/o el de otras muchas ciudades no es la promoción, se ha hecho, se sabe hacer, y se tiene claro que hay que mantener una coordinación más o menos “fáctica” y práctica, de todos los actores implicados, públicos y privados, que existen en el territorio.
El nuevo reto es la gestión. Coordinar oferta y demanda en una perspectiva amplia y transversal. Crear una cultura operativa requiere tiempo y determinados apriorismos ideológicos como el de “turista vete a casa” no ayudan. Combinar la formación de los trabajadores y la estabilidad laboral que ayude a mejorar la calidad del destino junto a una coordinación cotidiana, práctica y operativa entre los actores públicos y privados es imprescindible, y esencial para dignificar a todos los actores. Para prestigiar a una industria muy transversal. Sabemos que un cliente insatisfecho es una rémora para el destino por eso sería oportuna una redistribución diferente de las tasas turísticas, (las ofertas culturales y potenciar nuevos territorios con nuevas actividades son una oportunidad).

“Sin una visión territorial, de metrópolis, de región, que vaya más allá de los ámbitos municipales es una gestión limitante, incluso frustrante.”

Estamos empezando a tener conciencia de todas las posibilidades que el uso de las tecnologías nos puede ofrecer, no solamente para la experiencia del visitante, sino para una mejor gestión del destino y sin implicación privada ciertas posibilidades tecnológicas se quedan cortas.
Sin una visión territorial, de metrópolis, de región, que vaya más allá de los ámbitos municipales es una gestión limitante, incluso frustrante. Hemos de tener una visión territorial muy amplia. El visitante desconoce las fronteras administrativas, por consiguiente, las ofertas de actividades tienen que tener una visión práctica y operativa. La operativa de las redes sociales y las plataformas son una realidad por eso hay que gestionar estas realidades que impactan en el territorio con transparencia y reglas claras.
La sostenibilidad del turismo pasa por hacer de ésta una actividad resiliente, no estigmatizada. Que los actores públicos ayuden, no dificulten a que las inversiones privadas generen infraestructuras más eficientes y eficaces. En la perspectiva de una economía circular y el desarrollo de la innovación tecnológica. Las moratorias sin un consenso territorial amplio generan dinámicas contradictorias.
No veamos al visitante sólo como un actor económico. Sería una equivocación. Cuidemos a las personas que nos visitan, que se sientan queridas y seguras en todos los sentidos, no esquilmados y borregos. Porque si no lo quieres para ti, no lo quieras para el otro. Veamos al visitante no como prescriptores de más viajes, sino como un aliado futuro de posibles actividades económicas, sociales, culturales, deportivas, académicas, gastronómicas ,… que están se puedan desarrollar en nuestro territorio. Tengamos una visión plural y transversal de futuro. Barcelona ciudad de emprendedores tiene que entender que el turismo es una ventana de oportunidad para acoger actividades culturales de vanguardia, captar el talento que nos visita, de forma fortuita o profesional. El mundo del conocimiento en su dimensión más amplia, las universidades, centros de investigación, de transferencia de tecnología, son sectores y espacios para trabajar. Tengamos una mirada de acogida fraternal con toda la gente que nos visita.
Aprovechémonos la experiencia del turismo de proximidad para consolidarnos porque una persona cercana nos conoce y nos valora, tal vez nos pueda servir como carta de presentación de una cara amable de país y ciudad. Proyectemos nuestra historia e identidad sin complejos, pero con una actitud abierta.
Para generar un turismo de calidad y sostenible en el tiempo y territorio hay que generar complicidades que erradiquen toda forma de incivismo e inseguridad. Es necesaria la gestión de ciertos cambios normativos para hacer fácil el cumplimiento de las legalidades vigentes.
Las buenas prácticas son la hoja de ruta para todos los actores, pero seamos sinceros, no podemos prescindir del turismo, con las capacidades laborales y formativas que tenemos, no tengamos miedo, ya que el turismo es una oportunidad. Sobran agoreros y especuladores, necesitamos buenos profesionales, y como dicen las meigas “haberlas hay las”.

Por Jordi William Carnes, Presidente de la Fundación KIMbcn

Un largo y corto viaje
El turismo en el sentido de impacto social en nuestro país vino de la mano de los asalariados europeos (alemanes, ingleses y franceses, principalmente), que después de la segunda guerra mundial, y en el marco del pacto social para reconstruir Europa, habían conseguido tener vacaciones pagadas. La gente adinerada siempre ha viajado.
El primer destino, fue el de sol y playa, bienes escasos para la mayoría de ellos. A mediados de los sesenta el ciudadano español también se incorpora a estas vacaciones y el apartamento en la playa se convierte en el símbolo de un estatus social. Esta realidad generó unas infraestructuras y todo un universo (social, cultural, gastronómico, urbanístico, logístico) para acoger estos visitantes.
Con esta industria del Turismo llevamos más de sesenta años y somos uno de los líderes mundiales en este ámbito. Hemos aprendido y sabemos gestionar, lo validan tres generaciones de trabajadores y empresarios. Tampoco olvidemos que hace treinta y cinco años, con el impulso de los fondos europeos para el desarrollo rural, empezó el turismo rural, inicialmente como complemento a las rentas agrarias, y posteriormente como recuperación de ese patrimonio rural olvidado i/o deteriorado. En la actualidad el reto se centra en el de coordinar las ofertas de alojamiento y las actividades en el entorno que visitamos, es decir “¿qué puedo hacer cuando me levanto en este lugar tan bonito?” hecho que hace que la venta cruzada de alojamiento y actividades sea aún incipiente y que una fragilidad de las conexiones de internet presente otro nuevo reto. La parte positiva es que la gestión, mayoritariamente familiar, se consolida y se profesionaliza.
Finalmente, topamos con el turismo urbano, el último en llegar a la clase, que más allá de experiencias históricas vinculadas a la aristocracia europea, se ha impulsado de forma muy activa en los últimos veinte años por los fenómenos de “low cost” en la movilidad, con los precios de los aviones como el gran acicate del concepto “city break” y una cultura de “la escapada del fin de semana”, donde “es más barato irse fuera que quedarse en casa”.
En el sol y playa todos van en la misma dirección, hay conciencia de que el soy y la playa está donde está y cuando está, y el mundo rural es de fin de semana y vacaciones.
La urbe ofrece múltiples facetas y posibilidades con la consiguiente proliferación de actores: el alojamiento, la alimentación, la movilidad, el comercio, la cultura que son piezas básicas, pero sin olvidar los trenes, aeropuertos, puertos, y más operadores públicos y privados. Aunque los ritmos y prioridades no son siempre coincidentes.
Después de estas breves notas de contexto permítanme fijar posibles ejes del debate actual.

Un nuevo viaje
¿Por qué hemos tenido o podemos volver a tener el fenómeno del turismo fobia? Quizá la Covid nos puede ayudar a poner en perspectiva qué tenemos y qué nos falta para gestionar en positivo el turismo urbano.
La economía española, la catalana y la de la ciudad de Barcelona, tienen en el turismo uno de sus ejes principales. El debate sobre las externalidades negativas y el poco entusiasmo de ciertas clases dirigentes en defender la importancia del turismo es interesante. Muchas ciudades, entre ellas Barcelona, viven el turismo como un mal menor. Algunos actores han creído que haciendo bandera contra el turismo obtendrían réditos electorales. Antes del Covid era fácil el diagnostico. En la actualidad y con los futuros que tenemos puede ser peligroso ¿Qué puede hacer Barcelona, y por ende otras ciudades semejantes? Ante todo, asumir que las economías de los visitantes, con todas las múltiples categorías y condiciones, son un actor esencial en el paisaje de Europa.
El nuevo reto de Barcelona y/o el de otras muchas ciudades no es la promoción, se ha hecho, se sabe hacer, y se tiene claro que hay que mantener una coordinación más o menos “fáctica” y práctica, de todos los actores implicados, públicos y privados, que existen en el territorio.
El nuevo reto es la gestión. Coordinar oferta y demanda en una perspectiva amplia y transversal. Crear una cultura operativa requiere tiempo y determinados apriorismos ideológicos como el de “turista vete a casa” no ayudan. Combinar la formación de los trabajadores y la estabilidad laboral que ayude a mejorar la calidad del destino junto a una coordinación cotidiana, práctica y operativa entre los actores públicos y privados es imprescindible, y esencial para dignificar a todos los actores. Para prestigiar a una industria muy transversal. Sabemos que un cliente insatisfecho es una rémora para el destino por eso sería oportuna una redistribución diferente de las tasas turísticas, (las ofertas culturales y potenciar nuevos territorios con nuevas actividades son una oportunidad).

“Sin una visión territorial, de metrópolis, de región, que vaya más allá de los ámbitos municipales es una gestión limitante, incluso frustrante.»

 

 

Estamos empezando a tener conciencia de todas las posibilidades que el uso de las tecnologías nos puede ofrecer, no solamente para la experiencia del visitante, sino para una mejor gestión del destino y sin implicación privada ciertas posibilidades tecnológicas se quedan cortas.
Sin una visión territorial, de metrópolis, de región, que vaya más allá de los ámbitos municipales es una gestión limitante, incluso frustrante. Hemos de tener una visión territorial muy amplia. El visitante desconoce las fronteras administrativas, por consiguiente, las ofertas de actividades tienen que tener una visión práctica y operativa. La operativa de las redes sociales y las plataformas son una realidad por eso hay que gestionar estas realidades que impactan en el territorio con transparencia y reglas claras.
La sostenibilidad del turismo pasa por hacer de ésta una actividad resiliente, no estigmatizada. Que los actores públicos ayuden, no dificulten a que las inversiones privadas generen infraestructuras más eficientes y eficaces. En la perspectiva de una economía circular y el desarrollo de la innovación tecnológica. Las moratorias sin un consenso territorial amplio generan dinámicas contradictorias.
No veamos al visitante sólo como un actor económico. Sería una equivocación. Cuidemos a las personas que nos visitan, que se sientan queridas y seguras en todos los sentidos, no esquilmados y borregos. Porque si no lo quieres para ti, no lo quieras para el otro. Veamos al visitante no como prescriptores de más viajes, sino como un aliado futuro de posibles actividades económicas, sociales, culturales, deportivas, académicas, gastronómicas ,… que están se puedan desarrollar en nuestro territorio. Tengamos una visión plural y transversal de futuro. Barcelona ciudad de emprendedores tiene que entender que el turismo es una ventana de oportunidad para acoger actividades culturales de vanguardia, captar el talento que nos visita, de forma fortuita o profesional. El mundo del conocimiento en su dimensión más amplia, las universidades, centros de investigación, de transferencia de tecnología, son sectores y espacios para trabajar. Tengamos una mirada de acogida fraternal con toda la gente que nos visita.
Aprovechémonos la experiencia del turismo de proximidad para consolidarnos porque una persona cercana nos conoce y nos valora, tal vez nos pueda servir como carta de presentación de una cara amable de país y ciudad. Proyectemos nuestra historia e identidad sin complejos, pero con una actitud abierta.
Para generar un turismo de calidad y sostenible en el tiempo y territorio hay que generar complicidades que erradiquen toda forma de incivismo e inseguridad. Es necesaria la gestión de ciertos cambios normativos para hacer fácil el cumplimiento de las legalidades vigentes.
Las buenas prácticas son la hoja de ruta para todos los actores, pero seamos sinceros, no podemos prescindir del turismo, con las capacidades laborales y formativas que tenemos, no tengamos miedo, ya que el turismo es una oportunidad. Sobran agoreros y especuladores, necesitamos buenos profesionales, y como dicen las meigas “haberlas hay las”.

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