ENRIQUE TOMÁS: “BADALONA HA CAMBIADO DE ARRIBA ABAJO, HAY ORGULLO DE PERTENENCIA”
Por Manel Manchón, periodista
¿Qué hace un tendero? Intentar tener el mejor y ofrecerlo al cliente. Y este “tendero”, que no olvida su origen y exhibe la pasión por su trabajo es Enrique Tomás. Desde Badalona ha querido conquistar el mundo. Lo ha conseguido y persiste en su sueño. El empresario que siempre se identifica él mismo como tendero, es tajante cuando responde sobre su ciudad: “Badalona ha cambiado de arriba abajo, hay orgullo de pertenencia”.
Tomás (Badalona, 1966) lucha por el poder metropolitano, por la presencia de la periferia en los centros de mando. Su causa es el jamón, su voluntad la de servir al cliente, y siempre con una obsesión, la de ver crecer y mejorar en su ciudad, la Badalona que recibió un aluvión de inmigrantes y hoy es motivo de orgullo para sus vecinos y vecinas, a pesar de todos los problemas y carencias.
“Se tiene que decir con convicción. Badalona ya no tiene nada a ver en la ciudad que viví de pequeño y joven. Se ha transformado como otras ciudades metropolitanas, como San Adrià, que tiene un plan de desarrollo, con la llegada de Inditex, maravilloso, con muy futuro. Y esto es mérito de mucha gente, que ha trabajado por esta realidad”, insiste Tomás, que añade cómo ha aconsejado a muchas personas que vayan a vivir en Badalona. “Me preguntan y yo aconsejo. Hay viviendas de gran valor, en una gran ciudad que, a pesar de todo, todavía tiene un aire de pueblo”.
Al papa Francesc le gustaba su jamón. No había probado un igual. Enrique Tomás mantuvo un encuentro con él, gracias a la monja argentina Lucía Caram, amiga del empresario. El papa Bergoglio había probado lo jamón argentino, está claro, pero entendió que el jamón de Tomás era “lo mejor del mundo”.
Tomás incide en la relación cono Caram. “Hago muchas colaboraciones, cono Caram y cono otras personas que me lo preguntan, porque creo que se ha ayudar, que podemos crecer cono la fuerza de todos”.
«Badalona ya no tiene nada a ver en la ciudad que viví de pequeño y joven» |
La ambición de este empresario, siempre con los pies a tierra, es la que lleva a Enrique Tomás a iluminar el rostro de su interlocutor. Parla con precisión y detalla sus planes. Mira en los ojos y su empatía consigue una cosa extraña y única. ¿Todo lo que expresa es tangible o hay ilusión, o, incluso, ilusionismo?
Todo el contrario. Hay realidades. Hay detrás de Enrique Tomás un proyecto empresarial sólido. La facturación prevista por 2024 se acercará a los 300 millones de euros. Sus tiendas son conocidas, trabaja con el producto que más se identifica con España, el jamón, lo ha introducido en los aeropuertos, lo asocia con la selección española de fútbol y lo vende por todas partes.
Las ideas surgen y se contrastan con todos los miembros de su equipo para continuar creciendo, y ahora el empresario tiene en sus manos un proyecto muy ilusionante: la colaboración con Gallina Blanca para hacer un segundo caldo –ya hicimos un plegados– y un plato de verduras. Dos marcas que trabajan juntas. El empresario, que se define como tendero, muestra todo su orgullo: anda de la mano de Gallina Blanca, un icono del país.
Enrique es el menor de once hermanos. Siempre recuerda que no pasó hambre, porque sus padres se esforzaban al máximo. Trabajo y más trabajo. Y todos vivían en un piso de 50 metros, pares, hijos y una abuela. En poco espacio, en tres habitaciones pequeñas, vivían 14 personas.
Empezó como “tendero”, y esta figura es la que reivindica Tomás, con el convencimiento que quién conoce a su cliente, lo cuida y lo mima acaba siendo su mejor cómplice. El que se preocupa por la familia de la señora o el señor que entra a la tienda, por el hijo que juega al fútbol, por el abuelo que ya tiene muchas molestias, acabará en el corazón de un amigo.
Fue el suegro efímero de Gerard Piqué, cuando el futbolista del Barça salía con su hija Nuria. Y es el padre orgulloso que aconseja a todos sus interlocutores sobre la necesidad de estar encima, de tener en cuenta el detalle y de valorar el que se tiene, no el que queda lejos y se asocia, de forma equivocada, a un Edén.
¿Pero, como aterriza Tomás todas estas ideas? Con una defensa cerrada de Badalona y Barcelona, que voz como un todo, como un poder metropolitano, que incluye también en su estimada Santa Coloma de Gramenet y a San Adrià. Tiene claro que el mejor del AVE a Madrid es que “puedes volver rápidamente a Barcelona”. Y que, poco después, podrá admirar el cielo y el mar de Badalona.
En su ciudad piensa en grandes proyectos. Se puso a disposición de los candidatos con posibilidades de ganar la alcaldía de Badalona, y ahora con Xavier García Albiol, ha prestado su imagen en la Feria Internacional de Turismo, (Fitur), a Madrid. Parla con los políticos, y a todos les pregunta seriedad. Él, a cambio, se esforzará al máximo en proyectos que “aporten valor”.
Tomás no quiere ocultar una valoración sobre el alcalde de Badalona. Ha tenido buenas relaciones con los anteriores alcaldes, como Rubén Guijarro. Pero ahora voz algo extraordinaria en la figura de Albiol. “Lo conoce todo el mundo, gente muy joven, se preocupa por la gente, conoce los problemas, está encima”, destaca.
El momento se tiene que considerar bueno, entiende Tomás, que se felicita de haber girado hoja, en Barcelona y al conjunto de Cataluña. “No hay ruido, se gestiona, puede haber diferencias, está claro, pero el clima ha cambiado de forma rotunda”, señala Tomás.
Esto es porque lo primero que reclama Enrique Tomás es la asunción de la realidad. Y esto le lleva a preguntar a los restauradores, ya centrado en su campo, que hagan números, que suban el precio de los menús, porque esto será la garantía para poder prestar un buen servicio. Esto le sirve para defender la aportación del turismo en ciudades como Barcelona. Que el turista disfrute de la ciudad, pero desde la sostenibilidad y la equidad.
Su jefe va a toda velocidad, pero habla con conocimiento de causa. Con silencios elocuentes, y un medio sonreír cuando conviene. Las ideas fluyen. Andar es un buen consejo, porque en los paseos brotan los pensamientos atrevidos y sensatos a la vez. Afrontaba Enrique Tomás el camino de Santiago y pensaba en los aeropuertos, en el flujo de negocio que se podía conseguir.
Consideró que, después de la pandemia, el flujo de usuarios podría disminuir, pero su idea tuvo más éxito que el que había proyectado. Y su empresa se adjudicó el contrato de Aena de las máquinas de venta automática (vending) del Aeropuerto del Prat para gestionar hasta 170 máquinas, entre la T1 y la T2. Bocadillos de jamón, agua o máscaras cuando se necesiten. Sin olvidarse de sus propias tiendas en las terminales del aeropuerto.
Tomás no se ve como una persona única. Pero su ejemplo es ilustrativo. De una Badalona humilde, el tendero aprendió como levantarse en la vida. Prestando servicio al cliente-amigo supo que podía conquistar otros públicos.
Le gusta viajar por el sur de España, organiza todo tipo de acontecimientos. Y podría vivir en otros emplazamientos con menos exigencias en el impuesto sobre las personas físicas. Pero es “metropolitano”, es de Badalona, de un espacio denso y grande, que para él es una Grande Barcelona.
Pero, ¿y el futuro? Enrique Tomás está satisfecho, porque su hijo, Albert Tomàs, va tomando más peso, ahora ya como CEO. Le gusta el negocio. Y él confía que la empresa podrá salir adelante. El empresario se va retirando, poco a poco, con la satisfacción de comprobar la enorme respuesta que su propuesta ha tenido.
Por Manel Manchón, periodista
¿Qué hace un tendero? Intentar tener el mejor y ofrecerlo al cliente. Y este “tendero”, que no olvida su origen y exhibe la pasión por su trabajo es Enrique Tomás. Desde Badalona ha querido conquistar el mundo. Lo ha conseguido y persiste en su sueño. El empresario que siempre se identifica él mismo como tendero, es tajante cuando responde sobre su ciudad: “Badalona ha cambiado de arriba abajo, hay orgullo de pertenencia”.
Tomás (Badalona, 1966) lucha por el poder metropolitano, por la presencia de la periferia en los centros de mando. Su causa es el jamón, su voluntad la de servir al cliente, y siempre con una obsesión, la de ver crecer y mejorar en su ciudad, la Badalona que recibió un aluvión de inmigrantes y hoy es motivo de orgullo para sus vecinos y vecinas, a pesar de todos los problemas y carencias.
“Se tiene que decir con convicción. Badalona ya no tiene nada a ver en la ciudad que viví de pequeño y joven. Se ha transformado como otras ciudades metropolitanas, como San Adrià, que tiene un plan de desarrollo, con la llegada de Inditex, maravilloso, con muy futuro. Y esto es mérito de mucha gente, que ha trabajado por esta realidad”, insiste Tomás, que añade cómo ha aconsejado a muchas personas que vayan a vivir en Badalona. “Me preguntan y yo aconsejo. Hay viviendas de gran valor, en una gran ciudad que, a pesar de todo, todavía tiene un aire de pueblo”.
Al papa Francesc le gustaba su jamón. No había probado un igual. Enrique Tomás mantuvo un encuentro con él, gracias a la monja argentina Lucía Caram, amiga del empresario. El papa Bergoglio había probado lo jamón argentino, está claro, pero entendió que el jamón de Tomás era “lo mejor del mundo”.
Tomás incide en la relación cono Caram. “Hago muchas colaboraciones, cono Caram y cono otras personas que me lo preguntan, porque creo que se ha ayudar, que podemos crecer cono la fuerza de todos”.
La ambición de este empresario, siempre con los pies a tierra, es la que lleva a Enrique Tomás a iluminar el rostro de su interlocutor. Parla con precisión y detalla sus planes. Mira en los ojos y su empatía consigue una cosa extraña y única. ¿Todo lo que expresa es tangible o hay ilusión, o, incluso, ilusionismo?
Todo el contrario. Hay realidades. Hay detrás de Enrique Tomás un proyecto empresarial sólido. La facturación prevista por 2024 se acercará a los 300 millones de euros. Sus tiendas son conocidas, trabaja con el producto que más se identifica con España, el jamón, lo ha introducido en los aeropuertos, lo asocia con la selección española de fútbol y lo vende por todas partes.
«Badalona ya no tiene nada a ver en la ciudad que viví de pequeño y joven” |
Las ideas surgen y se contrastan con todos los miembros de su equipo para continuar creciendo, y ahora el empresario tiene en sus manos un proyecto muy ilusionante: la colaboración con Gallina Blanca para hacer un segundo caldo –ya hicimos un plegados– y un plato de verduras. Dos marcas que trabajan juntas. El empresario, que se define como tendero, muestra todo su orgullo: anda de la mano de Gallina Blanca, un icono del país.
Enrique es el menor de once hermanos. Siempre recuerda que no pasó hambre, porque sus padres se esforzaban al máximo. Trabajo y más trabajo. Y todos vivían en un piso de 50 metros, pares, hijos y una abuela. En poco espacio, en tres habitaciones pequeñas, vivían 14 personas.
Empezó como “tendero”, y esta figura es la que reivindica Tomás, con el convencimiento que quién conoce a su cliente, lo cuida y lo mima acaba siendo su mejor cómplice. El que se preocupa por la familia de la señora o el señor que entra a la tienda, por el hijo que juega al fútbol, por el abuelo que ya tiene muchas molestias, acabará en el corazón de un amigo.
Fue el suegro efímero de Gerard Piqué, cuando el futbolista del Barça salía con su hija Nuria. Y es el padre orgulloso que aconseja a todos sus interlocutores sobre la necesidad de estar encima, de tener en cuenta el detalle y de valorar el que se tiene, no el que queda lejos y se asocia, de forma equivocada, a un Edén.
¿Pero, como aterriza Tomás todas estas ideas? Con una defensa cerrada de Badalona y Barcelona, que voz como un todo, como un poder metropolitano, que incluye también en su estimada Santa Coloma de Gramenet y a San Adrià. Tiene claro que el mejor del AVE a Madrid es que “puedes volver rápidamente a Barcelona”. Y que, poco después, podrá admirar el cielo y el mar de Badalona.
En su ciudad piensa en grandes proyectos. Se puso a disposición de los candidatos con posibilidades de ganar la alcaldía de Badalona, y ahora con Xavier García Albiol, ha prestado su imagen en la Feria Internacional de Turismo, (Fitur), a Madrid. Parla con los políticos, y a todos les pregunta seriedad. Él, a cambio, se esforzará al máximo en proyectos que “aporten valor”.
Tomás no quiere ocultar una valoración sobre el alcalde de Badalona. Ha tenido buenas relaciones con los anteriores alcaldes, como Rubén Guijarro. Pero ahora voz algo extraordinaria en la figura de Albiol. “Lo conoce todo el mundo, gente muy joven, se preocupa por la gente, conoce los problemas, está encima”, destaca.
El momento se tiene que considerar bueno, entiende Tomás, que se felicita de haber girado hoja, en Barcelona y al conjunto de Cataluña. “No hay ruido, se gestiona, puede haber diferencias, está claro, pero el clima ha cambiado de forma rotunda”, señala Tomás.
Esto es porque lo primero que reclama Enrique Tomás es la asunción de la realidad. Y esto le lleva a preguntar a los restauradores, ya centrado en su campo, que hagan números, que suban el precio de los menús, porque esto será la garantía para poder prestar un buen servicio. Esto le sirve para defender la aportación del turismo en ciudades como Barcelona. Que el turista disfrute de la ciudad, pero desde la sostenibilidad y la equidad.
Su jefe va a toda velocidad, pero habla con conocimiento de causa. Con silencios elocuentes, y un medio sonreír cuando conviene. Las ideas fluyen. Andar es un buen consejo, porque en los paseos brotan los pensamientos atrevidos y sensatos a la vez. Afrontaba Enrique Tomás el camino de Santiago y pensaba en los aeropuertos, en el flujo de negocio que se podía conseguir.
Consideró que, después de la pandemia, el flujo de usuarios podría disminuir, pero su idea tuvo más éxito que el que había proyectado. Y su empresa se adjudicó el contrato de Aena de las máquinas de venta automática (vending) del Aeropuerto del Prat para gestionar hasta 170 máquinas, entre la T1 y la T2. Bocadillos de jamón, agua o máscaras cuando se necesiten. Sin olvidarse de sus propias tiendas en las terminales del aeropuerto.
Tomás no se ve como una persona única. Pero su ejemplo es ilustrativo. De una Badalona humilde, el tendero aprendió como levantarse en la vida. Prestando servicio al cliente-amigo supo que podía conquistar otros públicos.
Le gusta viajar por el sur de España, organiza todo tipo de acontecimientos. Y podría vivir en otros emplazamientos con menos exigencias en el impuesto sobre las personas físicas. Pero es “metropolitano”, es de Badalona, de un espacio denso y grande, que para él es una Grande Barcelona.
Pero, ¿y el futuro? Enrique Tomás está satisfecho, porque su hijo, Albert Tomàs, va tomando más peso, ahora ya como CEO. Le gusta el negocio. Y él confía que la empresa podrá salir adelante. El empresario se va retirando, poco a poco, con la satisfacción de comprobar la enorme respuesta que su propuesta ha tenido.
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