DECÁLOGO PARA UNA GESTIÓN SOSTENIBLE

Hay que crear un nuevo Ente Metropolitano que no solo debe mejorar aspectos de gestión sino también garantizar a los ciudadanos un trato más equitativo, fruto de un planteamiento racional y no del azar administrativo.

Por Carlos Ferrater, arquitecto.

El decálogo que presento a continuación plantea a grandes rasgos una nueva propuesta de gestión supramunicipal, una nueva forma de entender el hecho de la existencia de un continuo urbano que no solo se enmarca en el ámbito del actual Área Metropolitana de Barcelona sino que va todavía más allá implicando aspectos territoriales, jurídicos, normativos, ambientales, económicos, de representación ciudadana, etc. No se trata de hecho de una propuesta nueva, sino que es más bien una idea que ya existía y que se replantea ahora adaptada a la nueva realidad, una realidad cada vez más cambiante que en los últimos tiempos de pandemia ha hecho todavía más evidente que un sistema rígido a menudo da lugar a situaciones ilógicas que no responden a un planteamiento o un conjunto de soluciones racionales a situaciones que no se pueden prever con la suficiente antelación.
Así pues, con la primera idea más evidente del continuo urbano empezamos a presentar el decálogo.

1. No parece lógico establecer fronteras en un contexto de continuidad urbana puesto que esto da lugar a diferencias injustificadas entre diferentes municipios en cuanto al ámbito fiscal, aspectos de movilidad, organización sanitaria, de normativa urbanística, etc. A menudo se dan situaciones absurdas en las que se aplica una normativa diferente en una misma vía pública, según pertenezca a uno u otro municipio, o se aplica una fiscalidad marcadamente diferente. La existencia de barreras artificiales no tiene hoy en día una razón de ser. Se mantienen unos modelos de gestión que responden más a un sistema rígido creado en otras épocas y para otras realidades diferentes a las actuales. Se trata, pues, de crear un nuevo Ente Metropolitano que no solo tiene que mejorar aspectos de gestión sino también de garantizar a los ciudadanos un trato más equitativo que sea fruto de un planteamiento racional y no del azar administrativo.

2. La actual Área Metropolitana de Barcelona supone un 2% del total del territorio catalán pero concentra más de tres millones de habitantes y una importante concentración de la industria y las patentes, hecho que hace de esta zona uno hub estratégico del sur de Europa. Poner en valor esta idea debe incentivar la búsqueda de un nuevo modelo que promueva un desarrollo en condiciones de uniformidad en cuanto a desarrollo económico y una gestión más próxima y asequible que sin olvidar la especificidad de las varias poblaciones y municipios, promueva actuaciones de ámbito más amplio y lógica de conjunto.

3. Esta idea de Ente Metropolitano ya se ha planteado en varias ocasiones. Quién estuvo más cerca fue Pasqual Maragall, precisamente con esta vocación de convertirse en un enclave estratégico y centro del corredor del Mediterráneo. Pero además de este aspecto más encaminado a la proyección internacional había también motivaciones de justicia distributiva en la asignación de recursos para el desarrollo de las comunicaciones y equipamientos. Se daba la situación de que la mayoría de municipios del ámbito metropolitano estaban gobernados por el PSC y en algunos casos Iniciativa. Representaba pues un peso político monocolor demasiado importante y susceptible de convertirse en un contrapoder de la Generalitat, en aquellos momentos de signo político opuesto.

En la actualidad existe una mayor diversidad política entre municipios, han irrumpido nuevos partidos con nuevos objetivos programáticos y no se puede considerar que ahora ni en un futuro haya la antigua uniformidad política. La creación de un nuevo Ente Metropolitano, pues, no se debe pensar como un contrapoder o un ente ideológico, sino más en un ente de gestión ideologizado en la medida que responderá a un programa de políticas determinado pero que debe actuar también como un ente de gestión independiente.

4. Con esta idea recurrente de convertirse en un eje estratégico a nivel europeo y mediterráneo habría también la posibilidad de ampliar el área metropolitana a una serie de municipios que actualmente se consideran parte de la tercera cuarta corona del transporte metropolitano, entre los cuales destacan por sus dimensiones en términos de población y peso económico, Terrassa y Sabadell. Sumando este conjunto de municipios hablaríamos de una área de influencia de más de 4 millones de habitantes, prácticamente la mitad de la población del país.

“Sería también una buena ocasión para interpelar a la ciudadanía a través de un referéndum en el que se podría decidir el modelo de administración.”

5. Dar a la creación de un conglomerado urbano de mayor rango y mayor población del sur de Europa. Aeropuerto, ferrocarril y puerto de mercancías vertebran este hub económico que debe dar salida a políticas de desarrollo arraigadas en el territorio pero con vocación global. Dotar de una nueva gestión, actualmente demasiado centralizada en el Estado y excesivamente politizada. Por otro lado, se busca acabar con el estrangulamiento que supone que todos los servicios esenciales salen de un mismo punto en lugar de hacerlo desde diferentes ámbitos geográficos, lo cual mejoraría la eficiencia.

6. El nuevo Ente Metropolitano debe facilitar la coordinación en un mismo censo de todos los polos de alta innovación como la biomedicina, las nuevas tecnologías y las grandes industrias. Un ente que debe tener capacidad suficiente para dotar de mejores condiciones al conjunto del territorio metropolitano en el ámbito del Y+D y la creación de nuevas empresas del sector así como parques tecnológicos estratégicos.

7. Crear una red de comunicación y transporte público que asegure una movilidad sostenible y con menos impacto medioambiental. Hay que potenciar un modelo de transporte más propio de las grandes metrópolis con la ampliación de metro y red eléctrica de buses, un modelo que vertebre el territorio en su totalidad, y quizás dejar atrás otras tipos de transporte de ámbito más local y más propio de las ciudades pequeñas y medias como serían los tranvías.

8. En el plan urbanístico, hay un exceso de normativización y la obsolescencia del instrumental urbanístico que tenemos: Planes Generales, Parciales, Planes Especiales de Mejora Urbana (PEMU), Planes Especiales de Reforma Interior (PERI)… Todos han quedado superados porque han sido pensados como un reglamento para un crecimiento ex novo. Ahora partimos de nuevas realidades que tienen que ver más con la rehabilitación y la cirugía urbana. La normativa desde esta nueva realidad debe permitir el pacto social y el desarrollo entre los diversos territorios, diversificando al máximo entre diferentes usos y rentas y evitando de este modo que determinadas zonas se conviertan en  guetos.

 9. El principal problema que surge en la gestión e implementación de las propuestas mencionadas anteriormente es el actual exceso de administraciones en municipios, consejos comarcales, diputaciones, división provincial, comarcal… dependiendo además de centros de decisión muy diferentes. Encajar toda esta dispersión administrativa en el marco de la normativa europea pone todavía más de manifiesto la dificultad de coordinar políticas que transciendan el ámbito estrictamente local. Tenemos una administración desmenuzada sin un poder de decisión real y que contrariamente a lo que pueda parecer resulta poco asequible para el ciudadano, con competencias que en ocasiones no quedan claras y una dificultad para dar respuesta a problemas que como hemos visto en los últimos tiempos pueden ser totalmente imprevistos. Se recuperaría en cierta medida, en el ámbito metropolitano, la idea de las «vegueries» que como entes supramunicipales pretendían aportar una mejor organización territorial, evitando barreras artificiales y ofreciendo una visión de conjunto de un determinado territorio de una manera más racional y sobre todo más flexible.

10. El nuevo Ente Metropolitano de gestión no se puede concebir, como decía antes, como un organismo politizado o ideológico. Debe ser por encima de todo un instrumento de gestión de carácter democrático, que permita un desarrollo social y económico de conjunto y a la vez pueda ofrecer un trato próximo al ciudadano, sin dejar de lado el carácter y las especificidades de cada municipio. Se trata de simplificar y dotar la Administración de más transparencia la administración y no de añadir más obstáculos. Una propuesta en este sentido sería, a modo del existente Síndic de Greuges, la creación de un espacio de defensa de los derechos del ciudadano en el ámbito metropolitano.

Finalmente, creo que es un buen momento para replantear el futuro metropolitano en términos de gestión y seguridad jurídica haciendo una reflexión profunda sobre todo el abanico de posibilidades que un nuevo modelo podría ofrecer. Sería también una buena ocasión para interpelar a la ciudadanía a través de un referéndum en el que se podría decidir el modelo de administración, quizás con la posibilidad de elegir entre más de una variante, teniendo siempre en cuenta que hay que conciliar las necesidades de un ciudadano de una gran metrópoli como Barcelona con las de un ciudadano de un municipio pequeño.

Por Carlos Ferrater, arquitecto.

El decálogo que presento a continuación plantea a grandes rasgos una nueva propuesta de gestión supramunicipal, una nueva forma de entender el hecho de la existencia de un continuo urbano que no solo se enmarca en el ámbito del actual Área Metropolitana de Barcelona sino que va todavía más allá implicando aspectos territoriales, jurídicos, normativos, ambientales, económicos, de representación ciudadana, etc. No se trata de hecho de una propuesta nueva, sino que es más bien una idea que ya existía y que se replantea ahora adaptada a la nueva realidad, una realidad cada vez más cambiante que en los últimos tiempos de pandemia ha hecho todavía más evidente que un sistema rígido a menudo da lugar a situaciones ilógicas que no responden a un planteamiento o un conjunto de soluciones racionales a situaciones que no se pueden prever con la suficiente antelación.
Así pues, con la primera idea más evidente del continuo urbano empezamos a presentar el decálogo.

1. No parece lógico establecer fronteras en un contexto de continuidad urbana puesto que esto da lugar a diferencias injustificadas entre diferentes municipios en cuanto al ámbito fiscal, aspectos de movilidad, organización sanitaria, de normativa urbanística, etc. A menudo se dan situaciones absurdas en las que se aplica una normativa diferente en una misma vía pública, según pertenezca a uno u otro municipio, o se aplica una fiscalidad marcadamente diferente. La existencia de barreras artificiales no tiene hoy en día una razón de ser. Se mantienen unos modelos de gestión que responden más a un sistema rígido creado en otras épocas y para otras realidades diferentes a las actuales. Se trata, pues, de crear un nuevo Ente Metropolitano que no solo tiene que mejorar aspectos de gestión sino también de garantizar a los ciudadanos un trato más equitativo que sea fruto de un planteamiento racional y no del azar administrativo.

2. La actual Área Metropolitana de Barcelona supone un 2% del total del territorio catalán pero concentra más de tres millones de habitantes y una importante concentración de la industria y las patentes, hecho que hace de esta zona uno hub estratégico del sur de Europa. Poner en valor esta idea debe incentivar la búsqueda de un nuevo modelo que promueva un desarrollo en condiciones de uniformidad en cuanto a desarrollo económico y una gestión más próxima y asequible que sin olvidar la especificidad de las varias poblaciones y municipios, promueva actuaciones de ámbito más amplio y lógica de conjunto.

3. Esta idea de Ente Metropolitano ya se ha planteado en varias ocasiones. Quién estuvo más cerca fue Pasqual Maragall, precisamente con esta vocación de convertirse en un enclave estratégico y centro del corredor del Mediterráneo. Pero además de este aspecto más encaminado a la proyección internacional había también motivaciones de justicia distributiva en la asignación de recursos para el desarrollo de las comunicaciones y equipamientos. Se daba la situación de que la mayoría de municipios del ámbito metropolitano estaban gobernados por el PSC y en algunos casos Iniciativa. Representaba pues un peso político monocolor demasiado importante y susceptible de convertirse en un contrapoder de la Generalitat, en aquellos momentos de signo político opuesto.

En la actualidad existe una mayor diversidad política entre municipios, han irrumpido nuevos partidos con nuevos objetivos programáticos y no se puede considerar que ahora ni en un futuro haya la antigua uniformidad política. La creación de un nuevo Ente Metropolitano, pues, no se debe pensar como un contrapoder o un ente ideológico, sino más en un ente de gestión ideologizado en la medida que responderá a un programa de políticas determinado pero que debe actuar también como un ente de gestión independiente.

4. Con esta idea recurrente de convertirse en un eje estratégico a nivel europeo y mediterráneo habría también la posibilidad de ampliar el área metropolitana a una serie de municipios que actualmente se consideran parte de la tercera cuarta corona del transporte metropolitano, entre los cuales destacan por sus dimensiones en términos de población y peso económico, Terrassa y Sabadell. Sumando este conjunto de municipios hablaríamos de una área de influencia de más de 4 millones de habitantes, prácticamente la mitad de la población del país.

«Sería también una buena ocasión para interpelar a la ciudadanía a través de un referéndum en el que se podría decidir el modelo de administración.”

 

 

 

5. Dar a la creación de un conglomerado urbano de mayor rango y mayor población del sur de Europa. Aeropuerto, ferrocarril y puerto de mercancías vertebran este hub económico que debe dar salida a políticas de desarrollo arraigadas en el territorio pero con vocación global. Dotar de una nueva gestión, actualmente demasiado centralizada en el Estado y excesivamente politizada. Por otro lado, se busca acabar con el estrangulamiento que supone que todos los servicios esenciales salen de un mismo punto en lugar de hacerlo desde diferentes ámbitos geográficos, lo cual mejoraría la eficiencia.

6. El nuevo Ente Metropolitano debe facilitar la coordinación en un mismo censo de todos los polos de alta innovación como la biomedicina, las nuevas tecnologías y las grandes industrias. Un ente que debe tener capacidad suficiente para dotar de mejores condiciones al conjunto del territorio metropolitano en el ámbito del Y+D y la creación de nuevas empresas del sector así como parques tecnológicos estratégicos.

7. Crear una red de comunicación y transporte público que asegure una movilidad sostenible y con menos impacto medioambiental. Hay que potenciar un modelo de transporte más propio de las grandes metrópolis con la ampliación de metro y red eléctrica de buses, un modelo que vertebre el territorio en su totalidad, y quizás dejar atrás otras tipos de transporte de ámbito más local y más propio de las ciudades pequeñas y medias como serían los tranvías.

8. En el plan urbanístico, hay un exceso de normativización y la obsolescencia del instrumental urbanístico que tenemos: Planes Generales, Parciales, Planes Especiales de Mejora Urbana (PEMU), Planes Especiales de Reforma Interior (PERI)… Todos han quedado superados porque han sido pensados como un reglamento para un crecimiento ex novo. Ahora partimos de nuevas realidades que tienen que ver más con la rehabilitación y la cirugía urbana. La normativa desde esta nueva realidad debe permitir el pacto social y el desarrollo entre los diversos territorios, diversificando al máximo entre diferentes usos y rentas y evitando de este modo que determinadas zonas se conviertan en  guetos.

 9. El principal problema que surge en la gestión e implementación de las propuestas mencionadas anteriormente es el actual exceso de administraciones en municipios, consejos comarcales, diputaciones, división provincial, comarcal… dependiendo además de centros de decisión muy diferentes. Encajar toda esta dispersión administrativa en el marco de la normativa europea pone todavía más de manifiesto la dificultad de coordinar políticas que transciendan el ámbito estrictamente local. Tenemos una administración desmenuzada sin un poder de decisión real y que contrariamente a lo que pueda parecer resulta poco asequible para el ciudadano, con competencias que en ocasiones no quedan claras y una dificultad para dar respuesta a problemas que como hemos visto en los últimos tiempos pueden ser totalmente imprevistos. Se recuperaría en cierta medida, en el ámbito metropolitano, la idea de las «vegueries» que como entes supramunicipales pretendían aportar una mejor organización territorial, evitando barreras artificiales y ofreciendo una visión de conjunto de un determinado territorio de una manera más racional y sobre todo más flexible.

10. El nuevo Ente Metropolitano de gestión no se puede concebir, como decía antes, como un organismo politizado o ideológico. Debe ser por encima de todo un instrumento de gestión de carácter democrático, que permita un desarrollo social y económico de conjunto y a la vez pueda ofrecer un trato próximo al ciudadano, sin dejar de lado el carácter y las especificidades de cada municipio. Se trata de simplificar y dotar la Administración de más transparencia la administración y no de añadir más obstáculos. Una propuesta en este sentido sería, a modo del existente Síndic de Greuges, la creación de un espacio de defensa de los derechos del ciudadano en el ámbito metropolitano.

Finalmente, creo que es un buen momento para replantear el futuro metropolitano en términos de gestión y seguridad jurídica haciendo una reflexión profunda sobre todo el abanico de posibilidades que un nuevo modelo podría ofrecer. Sería también una buena ocasión para interpelar a la ciudadanía a través de un referéndum en el que se podría decidir el modelo de administración, quizás con la posibilidad de elegir entre más de una variante, teniendo siempre en cuenta que hay que conciliar las necesidades de un ciudadano de una gran metrópoli como Barcelona con las de un ciudadano de un municipio pequeño.

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