LEE LAS CUATRO ENTREVISTAS CON LOS EX ALCALDES DE BARCELONA.

Xavier Trias, pero también Narcís Serra, Joan Clos y Jordi Hereu reflexionan sobre el futuro del Area Metropolitana.

XAVIER TRIAS: “LA REGIÓN Y EL ÁREA METROPOLITANA O SE HACE CON LA COMPLICIDAD DE LOS ALCALDES O NO SE HARÁ”

Por Pep Martí

Xavier Trias i Vidal de Llobatera (Barcelona, 1946) explica que, cuando se trata de Barcelona, puede decir que ha estado «en los dos lados». Quiere decir que ha ejercido responsabilidades relevantes en el Gobierno de la Generalitat (consejero de Sanidad, consejero de Presidencia) y ha sido alcalde de Barcelona (2011-15). Dos perspectivas —Generalitat y Ayuntamiento— que nunca han sido fáciles de encajar. Médico pediatra, forjado políticamente junto a Josep Laporte, político más de acuerdos y pactos que de confrontaciones retóricas, Xavier Trias repasa aspectos de un pasado próximo que ayudan a entender el momento actual de Barcelona. En esta entrevista, reflexiona sobre el hecho metropolitano y pone las luces largas sobre la ciudad con una mirada de médico humanista.

¿Si toma el pulso de la ciudad de Barcelona en estos momentos, qué radiografía global haría?
La ciudad tiene ahora dos grandes retos: la vivienda y la pobreza. La vivienda solo se solucionará con un gran acuerdo que no puede ser solo de ciudad, sino metropolitano, y esto exige una inversión constante en vivienda de alquiler. Debe haber un acuerdo para los próximos veinte años, como el que ha funcionado en sanidad. Han pasado diferentes gobiernos y durante más de veinte años se ha respetado el trabajo hecho por el anterior. Y hemos sido capaces de construir una sanidad que, con dificultades económicas que la han estresado, ha podido atender siete millones y medio de personas. Y se ha podido dar una respuesta sanitaria importantísima. Y en cuanto a la pobreza, debemos entender que la única manera de sacar gente de la pobreza es generando actividad económica. Creer que será posible dándoles subvenciones solo los hará más pobres. Muchas veces es necesario recurrir a las subvenciones, pero la finalidad es crear actividad. Ponerse de espaldas es un error.

La mirada metropolitana se hace cada vez más necesaria. ¿Qué valoración hace de la actual Área Metropolitana de Barcelona (AMB)?
El área metropolitana nació en un momento difícil y se bloqueó durante el Gobierno de Jordi Pujol. Pero después de muchas vicisitudes se aprobó. Yo fui el primer presidente. El problema es qué se quiere que sea el área metropolitana. Porque yo siempre había creído que socialistas e Iniciativa querían la AMB, y que CiU se oponía. Cuando funcionó la AMB, me di cuenta que esto no era así. Hay muchos alcaldes, incluso socialistas, que sienten una gran reticencia hacia el área metropolitana. Es una herramienta útil, es una realidad, pero evidentemente, la gran diferencia entre nosotros y otros lugares, como Madrid, es que nuestra realidad territorial está basada en muchos cascos urbanos con una personalidad propia muy fuerte. Es decir, Sabadell tiene una personalidad muy fuerte. Terrassa, igual. Rubí, también. El Hospitalet, también. Y no quieren ser Barcelona. A pesar de que han descubierto la fuerza tractora de Barcelona. Hay instituciones y proyectos que han ayudado mucho en esto.

¿Cómo cuáles?
La Fira, por ejemplo. Estás en la Fira y no sabes si estás en el Hospitalet o en Barcelona. Normalmente, estás en el Hospitalet. El puerto de Barcelona hoy en día ya no es exacto que sea de Barcelona. Una parte importante está en el Prat. El aeropuerto está en el Prat. Y todos estos municipios son muy defensores de sus competencias y la no-interferencia. Porque la injerencia de la ciudad de Barcelona en los municipios vecinos ha generado grandes desastres. En el plan urbanístico es clarísimo. Si con la llegada de la democracia estos municipios no hubieran tenido bastante, hoy en día toda la inmigración se concentraría en algunos de ellos. Podría poner un ejemplo muy claro, que es Girona. En el núcleo central, lo que sería Rabal y Ciutat Vella, no hay inmigrantes. Estan todos en Salt. Esto pasa por una idea elitista que en Barcelona se ha roto.

¿Cómo se produjo esto?
Cuando se adoptó la idea de esponjar el centro de la ciudad y Pasqual Maragall y Joan Clos hicieron la Rambla del Rabal se encontraron con la avalancha de gente que venía de fuera. En los últimos años, han venido a Cataluña un millón y medio de personas. ¿Dónde se instalan? En viviendas que están en malas condiciones. En el Rabal o en Ciudad Meridiana. Y el Rabal, que se tenía que esponjar, se densificó. Primero hay que tener claro qué queremos hacer con área metropolitana de Barcelona. ¿Qué poder le queremos dar? Mucha gente quizás cree que esto es un invento empresarial y se equivocan. Si un día se suprimen las diputaciones y se establecen las veguerías, y tenemos la veguería de Barcelona, que sería el área metropolitana ampliada, deberemos decidir qué capacidad de decisión tiene. Éste es el debate de base y no lo hará la sociedad civil. Quién crea que este debate lo hará la sociedad civil está equivocado.

¿Quién lo protagonizar?
Los alcaldes. Se juegan el territorio. Terrassa, por ejemplo, nunca ha querido ser área metropolitana. ¿Por qué? Porque decidieron que para ellos el importante era la B-30, que era el punto de partida de su crecimiento. Cabe decir que a veces no se ha sido demasiado generoso. El ejemplo más claro fue el que se produjo con la sanidad. Un día, decidimos saltar la montaña y fomentar la red de hospitales del otro lado, como la Mutua de Terrassa, el Hospital de Terrassa y el Hospital Parc Taulí de Sabadell. Todo el mundo quiere hacer hospitales comarcales. No, no. Lo que debemos hacer es que el Hospital del Parc Taulí pueda competir con los hospitales de Barcelona. Esto ha pasado con Can Ruti o con Bellvitge. El de Can Ruti ha sido un caso espectacular. A Cataluña han venido un millón y medio de personas, muchas al área metropolitana. ¿Cuál es el problema más importante que hay en Barcelona y en el área metropolitana? Pues que no se ha hecho vivienda, ni pública ni privada. Y estas personas viven en unas situaciones infrahumanas.

“La gran diferencia entre nosotros y otros lugares es que nuestra realidad territorial está basada en cascos urbanos con una personalidad propia muy fuerte.”

Y la pandemia debe de haber agraviado todavía más esta situación.
Cuando hablamos de la pandemia y del cierre de los bares, yo digo: pero si el problema del Raval no es este, el problema es que en una casa de 80 metros cuadrados viven tres familias. En una habitación pueden vivir hasta cinco personas.

Lo que parece evidente es que no se pueden afrontar estos retos con una mirada estrictamente municipal.
No. Pero entonces todo el mundo debe tener en cuenta que los municipios no ven con buenos ojos según quien quiera ir. Porque centrifugar la miseria de Barcelona… La Mina nació así. Un ejemplo de esto es Can Tunis. Hicieron un barrio, Premio FAD de arquitectura, que al cabo de veinte años se tuvo que derribar porqué se habían acumulado demasiados problemas. Ahora mismo, la Marina del Prat Vermell, que está creciendo, y es muy sorprendente. Un proyecto en el que todo el mundo se podría poner medallas porque lo iniciaron los socialistas, lo continuamos nosotros y después los comunes. Pero si hablas con los vecinos, te dicen: vigila con quien venga. Por lo tanto, el área metropolitana o funciona de la mano de los alcaldes o no irá bien. La norma que se acabó aprobando no estipula que sea obligatorio que el alcalde de Barcelona sea el presidente del AMB. Nosotros hicimos un buen acuerdo con Antoni Balmon, que respondía a la lógica que el presidente fuera el alcalde de Barcelona y el vicepresidente ejecutivo fuese el alcalde de Cornellà donde los socialistas tenían mayoría. Pero yo siempre he dicho que el día que el alcalde de Barcelona no presida el AMB, Barcelona se irá del área metropolitana porque es quien paga y el gran tractor. Por lo tanto, o asumimos este gran acuerdo o esto no funcionará.

¿Cree que la alcaldesa Colau entiende el concepto de este gran acuerdo?
Aquí déjeme ser malo: Ada Colau no sabe hacer este acuerdo. No sabe qué es ser generoso con el otro lado. Nosotros incluso ofrecimos al PP entrar en el gobierno del AMB. Ella cree que la manera de tirar las cosas adelante es mandar mucho. Yo le dije: estás equivocada, las cosas ya no funcionan así. Muchas veces, en política, la única solución es encontrar complicidades.
¿Sería partidario de que el presidente del AMB fuese elegido por elección directa?
Estoy completamente en desacuerdo. Es un sistema que no funciona. Esto se debe basar en un acuerdo de alcaldes. Es como una diputación. Si esto acaba siendo una veguería, hay todo un conjunto de servicios que se deben dar. Después hay un trabajo de planificación que ahora debe venir del territorio. Un sistema de elección directa crearía más confusión y complicaciones.

Permítame ir un poco atrás. ¿Cómo es que en su momento su partido no apoyó el AMB?
Bien, creo que aquello se hizo mal. Maragall, que era una persona muy genial, a veces cometía algunas imprudencias. En esto se equivocó: hizo una bandera, un himno… Yo lo aprecio mucho, conmigo se ha llevado siempre bien y nos hemos tenido respeto y simpatía. Pero el intento de cambiar la bandera de Barcelona y hacerla pareciendo a la española me pareció alucinante y todavía ahora me cuesta de entender. Esto generó un enfrentamiento. Pero finalmente se hizo un acuerdo con el AMB, que se logró porqué Artur Mas era presidente de la Generalitat y sabía qué era el área metropolitana y sabía que su sentido no era sustituir la Generalitat. Y se pudo hacer porque había una persona que fue muy importante, Antoni Balmón, con quién tuvimos una relación de confianza. Es un hombre serio con quien a menudo estás en desacuerdo pero que cuando te dice que se hará una cosa, se hace. Y dentro del mundo socialista, tenía poder de mando.

¿La evolución natural del área metropolitana es dar el salto a una concepción de región metropolitana?
Lo que se debe plantear es si se va hacia un sistema de veguerías, si esto de las veguerías es un sueño o si va en serio. Si va en serio, implica la desaparición de las diputaciones y que el poder territorial lo tendrán las veguerías, esto es muy importante. Eso sí que supone una descentralización de poder muy grande. Y si España fuera un estado plurinacional o si fuéramos independientes, este poder territorial sería enorme. Solo hay que ver la fuerza que tienen las diputaciones vascas. Solo nos debemos que plantear qué queremos que sean estas veguerías. Supone dar mucho poder al territorio y esto no se puede hacer contra el territorio. Pero siempre que se da poder, hay un planteamiento básico, que es lo que nos pasa con España. Cuando se habla del gran éxito que ha supuesto la España de la Transición, es cierto que hemos dado un gran salto, pero desde el punto de vista territorial nos han hecho una trampa perversa: os damos competencias, pero no os las financiamos y entonces te vuelves dependiente. Es aquello de Cristóbal Montoro: mucha independencia, pero cada mes a pedir el dinero. La realidad es que las comunidades autónomas están en una situación dificilísima a excepción del País Vasco y Navarra.

¿Nos puede decir una región metropolitana del entorno europeo que según usted sea una referencia a seguir?
No hay ninguna que se pueda comparar porqué todas están peor que nosotros. Milán intenta imitar Barcelona. En París no saben qué hacer con el área metropolitana. Ellos tienen un problema diferente porque París es un poco como Madrid. Aquí ha habido durante muchos años por parte de todo el mundo cierto desdén. Se criticaba al alcalde del Prat, Lluís Tejedor, porque decían que dificultaba el crecimiento del aeropuerto. Si no hubiera sido por él se hubiera hecho una pista sobre el mar que hubiera sido un disparate ecológico.

De las grandes transformaciones que han definido la ciudad ¿qué subrayaría?
La gran transformación de Barcelona ha sido la apertura en el mar. Hay cosas que yo no las hubiera hecho así, como la zona del Foro. Pero ha sido un éxito. Diagonal Mar es espectacular. Otra cosa que se empezó a hacer y que no se ha completado es la cornisa de Barcelona, que es la carretera de las Aigües. Pocas ciudades del mundo tienen una cosa como la carretera de las Aigües. Y con la pandemia se ha descubierto la explosión de la gente hacia Collserola. Se ha declarado parque natural, pero deberemos regular su funcionamiento.

¿Ve alguna chapuza?
Hombre, deberemos explicar a la gente que ir en bicicleta es discutible, pero ir en grupo de veinte y de cualquier manera no se puede hacer. Pero creo que Collserola y la salida a montaña es muy importante. Otra cosa clave y que se ha descuidado es el cauce del río Besós. Es casi un insulto cómo está la zona de Santa Coloma. Y añadiría que la gente todavía no ha entendido que el río Llobregat no es Barcelona. Esta ciudad está encajonada. Ahora bien, hablar del área metropolitana o de veguerías sin tener el transporte adecuado no se puede hacer. Y siempre debemos hacer planteamientos con los recursos económicos que tenemos. En Los Angeles, la línea 9 no la entienden. Es importante, eh. Pero hay que ver si el coste es soportable.

¿La relación entre ciudad, región metropolitana y país está muy trabada? ¿Qué le falta a un proyecto de encaje global?
Falta que la Generalitat entienda la fuerza de los ayuntamientos y que no puede hacer lo que quiera. Yo he estado en los dos lados, ser miembro del Gobierno de la Generalitat y alcalde de Barcelona. Si eres alcalde, llevas el Mobile y es un éxito, y como alcalde lo presides, el Gobierno lo debe entender. Ser patriota también es defender Barcelona.

La pandemia ha sido una sacudida. ¿Qué le falta a Barcelona en el escenario post-pandémico para competir en condiciones como gran capital global?
Con las vacunas, las cosas irán bien y superaremos la pandemia. Soy optimista y el año que viene, por estas fechas, las cosas habrán cambiado. ¿Qué pasa cuando las cosas cambian? Que mucha gente irá bien y otros no. Quién gobierne debe tener la capacidad de entender que la gestión de los fondos europeos y las políticas que se hagan se debe hacer bien. Si no, habrá un estallido social. El papel de las ciudades es muy importante. Ada Colau debe decidir qué quiere ser. ¿Barcelona debe ser una ciudad turística? Si cree que no, se equivoca. Debemos ser turísticos, debemos ser industriales, debemos tener comercio. Otra cosa es decir que debemos repensar qué turismo queremos o como lo hagamos. Si queremos el Mobile, el Mobile es turismo, pero con una capacidad de atracción inmensa. Barcelona tiene una responsabilidad extra y es que arrastra Cataluña y la veguería metropolitana. Yo he ido por el mundo con Girona, con Tarragona. Nos interesa que vayan bien. Barcelona, además de ser la capital de un área metropolitana, es la capital de Cataluña. El hecho de apostar por los Juegos Olímpicos del Pirineo solo tiene sentido para favorecer el Pirineo.

Usted, además de político, es médico. Al inicio de la conversación, hablaba de la necesidad de promover la actividad económica, y más ahora. Sobre la pandemia, a nivel global, ¿quiere hacer alguna reflexión?
Creo que debemos definir el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en esta pandemia. Si en dÁfrica un problema es el paludismo, no se trata de que un laboratorio privado o un mecenas pague la investigación, sino qué papel juega la OMS. La OMS debería tener suficientes recursos, aportados por todos los estados, para responder al paludismo. Debería ser quien comprara las vacunas. Lo que está haciendo la UE en el reparto de las vacunas lo debería hacer la OMS. Porqué, si no, ¿quién se preocupa de África? ¿Qué intentan los estados? No darle suficiente fuerza. Este es un mundo que solo tiene una única manera de funcionar: que las cosas vayan bien para todo el mundo. Ahora han surgido voces reclamando nacionalizar los laboratorios. Creo que lo que se debe hacer es que las farmacéuticas sean nuestras colaboradoras. Es evidente que se deben ganar la vida mínimamente pero no pueden vender al mejor postor. Y la OMS se debe asegurar una compra para poder ayudar los países con más dificultades.

Díganos de qué está más orgulloso como alcalde de Barcelona y qué espina tiene todavía clavada sobre un tema que no pudo culminar.
Una espina clavada es la pobreza. Una cosa de las que hice que más me gusta es lo que ha posibilitado que un señor me pueda parar por la calle y me diga: «Señor Trias, gracias al «Housing First», ya no estoy en la calle», un programa que pusimos en marcha para los sin hogar. De lo que hicimos, creo que la transformación de la Diagonal fue un éxito. Después hay cosas que no han evolucionado como yo quería, como las “superislas”, que no son un invento de Colau. Es un proyecto nuestro. Pero estas cosas se deben aplicar con un gran acuerdo y colaboración ciudadana, y la primera que se hizo fue en una zona donde vive poca gente, el Poblenou. Una que ha tenido mucho éxito es la de Sant Antoni. El problema es cuando se quieren hacer demasiadas cosas a la vez. El gran motivo de las “superislas” es que la gente viva mejor. Es evidente que se debe pacificar el tráfico, pero ya no por motivos medioambientales, porqué el futuro ya no es el coche de combustión sino el eléctrico. Yo creo que será el de hidrógeno. Pero nuestro problema no será que contamine sino definir qué espacio ocupará. Se deben crear espacios peatonales y para los vecinos, pero también para el coche. Según cómo se hacen las cosas, se crean situaciones muy difíciles.

Por Pep Martí

Xavier Trias i Vidal de Llobatera (Barcelona, 1946) explica que, cuando se trata de Barcelona, puede decir que ha estado «en los dos lados». Quiere decir que ha ejercido responsabilidades relevantes en el Gobierno de la Generalitat (consejero de Sanidad, consejero de Presidencia) y ha sido alcalde de Barcelona (2011-15). Dos perspectivas —Generalitat y Ayuntamiento— que nunca han sido fáciles de encajar. Médico pediatra, forjado políticamente junto a Josep Laporte, político más de acuerdos y pactos que de confrontaciones retóricas, Xavier Trias repasa aspectos de un pasado próximo que ayudan a entender el momento actual de Barcelona. En esta entrevista, reflexiona sobre el hecho metropolitano y pone las luces largas sobre la ciudad con una mirada de médico humanista.

¿Si toma el pulso de la ciudad de Barcelona en estos momentos, qué radiografía global haría?
La ciudad tiene ahora dos grandes retos: la vivienda y la pobreza. La vivienda solo se solucionará con un gran acuerdo que no puede ser solo de ciudad, sino metropolitano, y esto exige una inversión constante en vivienda de alquiler. Debe haber un acuerdo para los próximos veinte años, como el que ha funcionado en sanidad. Han pasado diferentes gobiernos y durante más de veinte años se ha respetado el trabajo hecho por el anterior. Y hemos sido capaces de construir una sanidad que, con dificultades económicas que la han estresado, ha podido atender siete millones y medio de personas. Y se ha podido dar una respuesta sanitaria importantísima. Y en cuanto a la pobreza, debemos entender que la única manera de sacar gente de la pobreza es generando actividad económica. Creer que será posible dándoles subvenciones solo los hará más pobres. Muchas veces es necesario recurrir a las subvenciones, pero la finalidad es crear actividad. Ponerse de espaldas es un error.

La mirada metropolitana se hace cada vez más necesaria. ¿Qué valoración hace de la actual Área Metropolitana de Barcelona (AMB)?
El área metropolitana nació en un momento difícil y se bloqueó durante el Gobierno de Jordi Pujol. Pero después de muchas vicisitudes se aprobó. Yo fui el primer presidente. El problema es qué se quiere que sea el área metropolitana. Porque yo siempre había creído que socialistas e Iniciativa querían la AMB, y que CiU se oponía. Cuando funcionó la AMB, me di cuenta que esto no era así. Hay muchos alcaldes, incluso socialistas, que sienten una gran reticencia hacia el área metropolitana. Es una herramienta útil, es una realidad, pero evidentemente, la gran diferencia entre nosotros y otros lugares, como Madrid, es que nuestra realidad territorial está basada en muchos cascos urbanos con una personalidad propia muy fuerte. Es decir, Sabadell tiene una personalidad muy fuerte. Terrassa, igual. Rubí, también. El Hospitalet, también. Y no quieren ser Barcelona. A pesar de que han descubierto la fuerza tractora de Barcelona. Hay instituciones y proyectos que han ayudado mucho en esto.

¿Cómo cuáles?
La Fira, por ejemplo. Estás en la Fira y no sabes si estás en el Hospitalet o en Barcelona. Normalmente, estás en el Hospitalet. El puerto de Barcelona hoy en día ya no es exacto que sea de Barcelona. Una parte importante está en el Prat. El aeropuerto está en el Prat. Y todos estos municipios son muy defensores de sus competencias y la no-interferencia. Porque la injerencia de la ciudad de Barcelona en los municipios vecinos ha generado grandes desastres. En el plan urbanístico es clarísimo. Si con la llegada de la democracia estos municipios no hubieran tenido bastante, hoy en día toda la inmigración se concentraría en algunos de ellos. Podría poner un ejemplo muy claro, que es Girona. En el núcleo central, lo que sería Rabal y Ciutat Vella, no hay inmigrantes. Estan todos en Salt. Esto pasa por una idea elitista que en Barcelona se ha roto.

¿Cómo se produjo esto?
Cuando se adoptó la idea de esponjar el centro de la ciudad y Pasqual Maragall y Joan Clos hicieron la Rambla del Rabal se encontraron con la avalancha de gente que venía de fuera. En los últimos años, han venido a Cataluña un millón y medio de personas. ¿Dónde se instalan? En viviendas que están en malas condiciones. En el Rabal o en Ciudad Meridiana. Y el Rabal, que se tenía que esponjar, se densificó. Primero hay que tener claro qué queremos hacer con área metropolitana de Barcelona. ¿Qué poder le queremos dar? Mucha gente quizás cree que esto es un invento empresarial y se equivocan. Si un día se suprimen las diputaciones y se establecen las veguerías, y tenemos la veguería de Barcelona, que sería el área metropolitana ampliada, deberemos decidir qué capacidad de decisión tiene. Éste es el debate de base y no lo hará la sociedad civil. Quién crea que este debate lo hará la sociedad civil está equivocado.

¿Quién lo protagonizar?
Los alcaldes. Se juegan el territorio. Terrassa, por ejemplo, nunca ha querido ser área metropolitana. ¿Por qué? Porque decidieron que para ellos el importante era la B-30, que era el punto de partida de su crecimiento. Cabe decir que a veces no se ha sido demasiado generoso. El ejemplo más claro fue el que se produjo con la sanidad. Un día, decidimos saltar la montaña y fomentar la red de hospitales del otro lado, como la Mutua de Terrassa, el Hospital de Terrassa y el Hospital Parc Taulí de Sabadell. Todo el mundo quiere hacer hospitales comarcales. No, no. Lo que debemos hacer es que el Hospital del Parc Taulí pueda competir con los hospitales de Barcelona. Esto ha pasado con Can Ruti o con Bellvitge. El de Can Ruti ha sido un caso espectacular. A Cataluña han venido un millón y medio de personas, muchas al área metropolitana. ¿Cuál es el problema más importante que hay en Barcelona y en el área metropolitana? Pues que no se ha hecho vivienda, ni pública ni privada. Y estas personas viven en unas situaciones infrahumanas.

“La gran diferencia entre nosotros y otros lugares es que nuestra realidad territorial está basada en cascos urbanos con una personalidad propia muy fuerte.”

 

 

 

Y la pandemia debe de haber agraviado todavía más esta situación.
Cuando hablamos de la pandemia y del cierre de los bares, yo digo: pero si el problema del Raval no es este, el problema es que en una casa de 80 metros cuadrados viven tres familias. En una habitación pueden vivir hasta cinco personas.

Lo que parece evidente es que no se pueden afrontar estos retos con una mirada estrictamente municipal.
No. Pero entonces todo el mundo debe tener en cuenta que los municipios no ven con buenos ojos según quien quiera ir. Porque centrifugar la miseria de Barcelona… La Mina nació así. Un ejemplo de esto es Can Tunis. Hicieron un barrio, Premio FAD de arquitectura, que al cabo de veinte años se tuvo que derribar porqué se habían acumulado demasiados problemas. Ahora mismo, la Marina del Prat Vermell, que está creciendo, y es muy sorprendente. Un proyecto en el que todo el mundo se podría poner medallas porque lo iniciaron los socialistas, lo continuamos nosotros y después los comunes. Pero si hablas con los vecinos, te dicen: vigila con quien venga. Por lo tanto, el área metropolitana o funciona de la mano de los alcaldes o no irá bien. La norma que se acabó aprobando no estipula que sea obligatorio que el alcalde de Barcelona sea el presidente del AMB. Nosotros hicimos un buen acuerdo con Antoni Balmon, que respondía a la lógica que el presidente fuera el alcalde de Barcelona y el vicepresidente ejecutivo fuese el alcalde de Cornellà donde los socialistas tenían mayoría. Pero yo siempre he dicho que el día que el alcalde de Barcelona no presida el AMB, Barcelona se irá del área metropolitana porque es quien paga y el gran tractor. Por lo tanto, o asumimos este gran acuerdo o esto no funcionará.

¿Cree que la alcaldesa Colau entiende el concepto de este gran acuerdo?
Aquí déjeme ser malo: Ada Colau no sabe hacer este acuerdo. No sabe qué es ser generoso con el otro lado. Nosotros incluso ofrecimos al PP entrar en el gobierno del AMB. Ella cree que la manera de tirar las cosas adelante es mandar mucho. Yo le dije: estás equivocada, las cosas ya no funcionan así. Muchas veces, en política, la única solución es encontrar complicidades.
¿Sería partidario de que el presidente del AMB fuese elegido por elección directa?
Estoy completamente en desacuerdo. Es un sistema que no funciona. Esto se debe basar en un acuerdo de alcaldes. Es como una diputación. Si esto acaba siendo una veguería, hay todo un conjunto de servicios que se deben dar. Después hay un trabajo de planificación que ahora debe venir del territorio. Un sistema de elección directa crearía más confusión y complicaciones.

Permítame ir un poco atrás. ¿Cómo es que en su momento su partido no apoyó el AMB?
Bien, creo que aquello se hizo mal. Maragall, que era una persona muy genial, a veces cometía algunas imprudencias. En esto se equivocó: hizo una bandera, un himno… Yo lo aprecio mucho, conmigo se ha llevado siempre bien y nos hemos tenido respeto y simpatía. Pero el intento de cambiar la bandera de Barcelona y hacerla pareciendo a la española me pareció alucinante y todavía ahora me cuesta de entender. Esto generó un enfrentamiento. Pero finalmente se hizo un acuerdo con el AMB, que se logró porqué Artur Mas era presidente de la Generalitat y sabía qué era el área metropolitana y sabía que su sentido no era sustituir la Generalitat. Y se pudo hacer porque había una persona que fue muy importante, Antoni Balmón, con quién tuvimos una relación de confianza. Es un hombre serio con quien a menudo estás en desacuerdo pero que cuando te dice que se hará una cosa, se hace. Y dentro del mundo socialista, tenía poder de mando.

¿La evolución natural del área metropolitana es dar el salto a una concepción de región metropolitana?
Lo que se debe plantear es si se va hacia un sistema de veguerías, si esto de las veguerías es un sueño o si va en serio. Si va en serio, implica la desaparición de las diputaciones y que el poder territorial lo tendrán las veguerías, esto es muy importante. Eso sí que supone una descentralización de poder muy grande. Y si España fuera un estado plurinacional o si fuéramos independientes, este poder territorial sería enorme. Solo hay que ver la fuerza que tienen las diputaciones vascas. Solo nos debemos que plantear qué queremos que sean estas veguerías. Supone dar mucho poder al territorio y esto no se puede hacer contra el territorio. Pero siempre que se da poder, hay un planteamiento básico, que es lo que nos pasa con España. Cuando se habla del gran éxito que ha supuesto la España de la Transición, es cierto que hemos dado un gran salto, pero desde el punto de vista territorial nos han hecho una trampa perversa: os damos competencias, pero no os las financiamos y entonces te vuelves dependiente. Es aquello de Cristóbal Montoro: mucha independencia, pero cada mes a pedir el dinero. La realidad es que las comunidades autónomas están en una situación dificilísima a excepción del País Vasco y Navarra.

¿Nos puede decir una región metropolitana del entorno europeo que según usted sea una referencia a seguir?
No hay ninguna que se pueda comparar porqué todas están peor que nosotros. Milán intenta imitar Barcelona. En París no saben qué hacer con el área metropolitana. Ellos tienen un problema diferente porque París es un poco como Madrid. Aquí ha habido durante muchos años por parte de todo el mundo cierto desdén. Se criticaba al alcalde del Prat, Lluís Tejedor, porque decían que dificultaba el crecimiento del aeropuerto. Si no hubiera sido por él se hubiera hecho una pista sobre el mar que hubiera sido un disparate ecológico.

De las grandes transformaciones que han definido la ciudad ¿qué subrayaría?
La gran transformación de Barcelona ha sido la apertura en el mar. Hay cosas que yo no las hubiera hecho así, como la zona del Foro. Pero ha sido un éxito. Diagonal Mar es espectacular. Otra cosa que se empezó a hacer y que no se ha completado es la cornisa de Barcelona, que es la carretera de las Aigües. Pocas ciudades del mundo tienen una cosa como la carretera de las Aigües. Y con la pandemia se ha descubierto la explosión de la gente hacia Collserola. Se ha declarado parque natural, pero deberemos regular su funcionamiento.

¿Ve alguna chapuza?
Hombre, deberemos explicar a la gente que ir en bicicleta es discutible, pero ir en grupo de veinte y de cualquier manera no se puede hacer. Pero creo que Collserola y la salida a montaña es muy importante. Otra cosa clave y que se ha descuidado es el cauce del río Besós. Es casi un insulto cómo está la zona de Santa Coloma. Y añadiría que la gente todavía no ha entendido que el río Llobregat no es Barcelona. Esta ciudad está encajonada. Ahora bien, hablar del área metropolitana o de veguerías sin tener el transporte adecuado no se puede hacer. Y siempre debemos hacer planteamientos con los recursos económicos que tenemos. En Los Angeles, la línea 9 no la entienden. Es importante, eh. Pero hay que ver si el coste es soportable.

¿La relación entre ciudad, región metropolitana y país está muy trabada? ¿Qué le falta a un proyecto de encaje global?
Falta que la Generalitat entienda la fuerza de los ayuntamientos y que no puede hacer lo que quiera. Yo he estado en los dos lados, ser miembro del Gobierno de la Generalitat y alcalde de Barcelona. Si eres alcalde, llevas el Mobile y es un éxito, y como alcalde lo presides, el Gobierno lo debe entender. Ser patriota también es defender Barcelona.

La pandemia ha sido una sacudida. ¿Qué le falta a Barcelona en el escenario post-pandémico para competir en condiciones como gran capital global?
Con las vacunas, las cosas irán bien y superaremos la pandemia. Soy optimista y el año que viene, por estas fechas, las cosas habrán cambiado. ¿Qué pasa cuando las cosas cambian? Que mucha gente irá bien y otros no. Quién gobierne debe tener la capacidad de entender que la gestión de los fondos europeos y las políticas que se hagan se debe hacer bien. Si no, habrá un estallido social. El papel de las ciudades es muy importante. Ada Colau debe decidir qué quiere ser. ¿Barcelona debe ser una ciudad turística? Si cree que no, se equivoca. Debemos ser turísticos, debemos ser industriales, debemos tener comercio. Otra cosa es decir que debemos repensar qué turismo queremos o como lo hagamos. Si queremos el Mobile, el Mobile es turismo, pero con una capacidad de atracción inmensa. Barcelona tiene una responsabilidad extra y es que arrastra Cataluña y la veguería metropolitana. Yo he ido por el mundo con Girona, con Tarragona. Nos interesa que vayan bien. Barcelona, además de ser la capital de un área metropolitana, es la capital de Cataluña. El hecho de apostar por los Juegos Olímpicos del Pirineo solo tiene sentido para favorecer el Pirineo.

Usted, además de político, es médico. Al inicio de la conversación, hablaba de la necesidad de promover la actividad económica, y más ahora. Sobre la pandemia, a nivel global, ¿quiere hacer alguna reflexión?
Creo que debemos definir el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en esta pandemia. Si en dÁfrica un problema es el paludismo, no se trata de que un laboratorio privado o un mecenas pague la investigación, sino qué papel juega la OMS. La OMS debería tener suficientes recursos, aportados por todos los estados, para responder al paludismo. Debería ser quien comprara las vacunas. Lo que está haciendo la UE en el reparto de las vacunas lo debería hacer la OMS. Porqué, si no, ¿quién se preocupa de África? ¿Qué intentan los estados? No darle suficiente fuerza. Este es un mundo que solo tiene una única manera de funcionar: que las cosas vayan bien para todo el mundo. Ahora han surgido voces reclamando nacionalizar los laboratorios. Creo que lo que se debe hacer es que las farmacéuticas sean nuestras colaboradoras. Es evidente que se deben ganar la vida mínimamente pero no pueden vender al mejor postor. Y la OMS se debe asegurar una compra para poder ayudar los países con más dificultades.

Díganos de qué está más orgulloso como alcalde de Barcelona y qué espina tiene todavía clavada sobre un tema que no pudo culminar.
Una espina clavada es la pobreza. Una cosa de las que hice que más me gusta es lo que ha posibilitado que un señor me pueda parar por la calle y me diga: «Señor Trias, gracias al «Housing First», ya no estoy en la calle», un programa que pusimos en marcha para los sin hogar. De lo que hicimos, creo que la transformación de la Diagonal fue un éxito. Después hay cosas que no han evolucionado como yo quería, como las “superislas”, que no son un invento de Colau. Es un proyecto nuestro. Pero estas cosas se deben aplicar con un gran acuerdo y colaboración ciudadana, y la primera que se hizo fue en una zona donde vive poca gente, el Poblenou. Una que ha tenido mucho éxito es la de Sant Antoni. El problema es cuando se quieren hacer demasiadas cosas a la vez. El gran motivo de las “superislas” es que la gente viva mejor. Es evidente que se debe pacificar el tráfico, pero ya no por motivos medioambientales, porqué el futuro ya no es el coche de combustión sino el eléctrico. Yo creo que será el de hidrógeno. Pero nuestro problema no será que contamine sino definir qué espacio ocupará. Se deben crear espacios peatonales y para los vecinos, pero también para el coche. Según cómo se hacen las cosas, se crean situaciones muy difíciles.

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