JAUME COLLBONI: “BARCELONA NO PUEDE RENUNCIAR A NINGÚN GRAN PROYECTO DE CIUDAD”

El primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y responsable de las áreas de Economía, Trabajo, Competitividad y Hacienda analiza los principales retos de la capital catalana.

Por Pep Martí

Jaume Collboni (Barcelona, 1969) es primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y responsable de las áreas de Economía, Trabajo, Competitividad y Hacienda. Con anterioridad fue jefe de las áreas de Empresa, Innovación y Cultura. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona y postgrado de Dirección de Sistemas de Información por el IDEC-Universitat Pompeu Fabra, Collboni pasa revista en esta entrevista a los principales proyectos puestos en marcha por el Ayuntamiento y ofrece su visión sobre el presente y el futuro de Barcelona.

Una de las herramientas adoptadas desde el Ayuntamiento para afrontar la crisis pandémica fue la creación del Centro de Coordinación de la Respuesta Económica (CECORE), que se dotó en 87 millones. ¿Qué impacto ha tenido?
Es una de las innovaciones provocadas por la pandemia. Su filosofía es integrar todas las políticas de reactivación económica que tiene la ciudad, ajustadas a las necesidades de cada momento de la pandemia. Normalmente, las políticas públicas, especialmente en economía, son planificaciones de escenarios. En este caso, nosotros debíamos tener un mecanismo de respuesta inmediata en función de dos factores: de los sectores económicos, que nos suministraban información de cómo estábamos, y de un sistema de datos que iba desde el consumo de tarjetas de crédito hasta datos estadísticos que nos iban diciendo en tiempo real cómo estaba la ciudad. En función de esto, hemos ajustado presupuesto y medidas a llevar a cabo. El primer objetivo fue salvar vidas, el segundo proteger a empresas y puestos de trabajo. Y el tercero, reactivar la ciudad. Todo esto lo ha hecho el CECORE. Muchas cosas que a la gente les pueden sonar, como puede ser el Bonus Consum o las ayudas para la adaptación de los negocios, ayudas a la formación, a los procesos de digitalización, el “Amazon” de los mercados municipales, todas estas iniciativas parten del CECORE.

¿Está satisfecho?
Mucho. De hecho, se ha quedado. En CECORE también está Mercabarna, B:SM, Barcelona Activa… estructuras que han contribuido a la reactivación y a la transformación de nuestro modelo económico.

También se creó la Mesa ReAct como un foro estable con los agentes sociales para reactivar la ciudad. ¿Cómo está evolucionando?
El ReAct nace de la voluntad de ir sumando conocimientos y señalando objetivos a medio y largo plazo sobre la transformación de la economía de la ciudad. Todo, en base a nuestra hoja de ruta, Barcelona Green Deal, que presenté en el Círculo de Economía dos meses antes de la pandemia, en la que señalamos el gran objetivo con el 2030 en el horizonte, que es diversificar la economía de la ciudad.

¿Sobre qué pilares?
Esto queremos hacerlo en base a dos factores competitivos donde Barcelona sobresale, que son el talento y la tecnología. De ahí surge un mapa que es el Barcelona Green Deal 2030, cuyo último episodio hemos visto con la aprobación del 22@, que supone hacer llegat en la ciudad áreas de transformación urbana, o cajas como son el edificio de Correos, recuperado para la ciudad para instalar, en este caso, empresas y start-up vinculadas a la movilidad y la logística. Nosotros hemos hecho dos cosas muy importantes. Una fue parar el golpe durante la pandemia. Que no fue poca cosa porque ahora mismo estamos en el 6,6% de datos de paro EPA en la ciudad. Los expertos dicen que el pleno empleo es el 5%, que responde a la rotación propia del mercado. No voy a decir que estemos en pleno empleo, pero estamos en un 6,6. La reactivación se ha producido porque la mejor política social es crear puestos de trabajo. Pero la otra cosa que hemos hecho es transformar, que es una cosa más a medio plazo. En este 2022, en el presupuesto municipal hay 753 millones en inversión, lo que significa en transformación tangible de la ciudad. Hemos lanzado el planeamiento que supondrá un millón de metros cuadrados de suelo. En el plan 22@ 2000-20 se desarrollaron 1,2 millones de metros cuadrados, ahora hemos añadido un millón más. Esto son 60.000 puestos de trabajo potenciales más. Este mes de marzo hemos estado en el MIPIM, en Cannes, y en octubre estaremos en Munich, donde buscaremos inversores. Hay bastantes expectativas sobre la ciudad.

¿Cómo ve el 22@ en los próximos años?
Es la decisión más relevante de transformación urbana que se va a tomar en este mandato y de los últimos diez años. Supone culminar el proceso iniciado en 2000, con nuevos criterios. Nuestros predecesores fueron unos visionarios y yo me siento heredero de ellos. En ese momento, la relación techo económico/vivienda era 90/10 y hemos pasado a 70/30. Porque la ciudad tiene una necesidad objetiva de vivienda protegida y, además, hemos introducido todos los elementos de sostenibilidad y nuevas tendencias del urbanismo contemporáneo. Éste será uno de los proyectos en los que mejor veremos la Barcelona del futuro, que implica mixtura de usos, políticas inclusivas, equipamientos. La vivienda será mayoritariamente asequible, sea de promoción privada o pública, de alquiler fundamentalmente. Hemos visto que hay mucha energía retenida en estos dos años, y también mucho dinero de gente que tiene ganas de hacer cosas.

¿Qué valoración hace del proceso de impulso de las supermanzanas y ejes verdes?
De nuevo me remito a los alcaldes socialistas de la ciudad. Ellos fueron quienes innovaron, en su momento, para hacerla más amable y lo hicieron a través de la pacificación de las calles. Sant Andreu o la Vila de Gràcia son las primeras supermanzanas que tuvo Barcelona. Pero la Barcelona de ahora, y la del futuro, exige un nuevo modelo de ciudad, verde, con carriles exclusivos para el transporte público, con carriles para los vehículos de movilidad personal y con grandes zonas peatonales. Ahora bien, Barcelona es tan grande que cabe todo, pero no cabe todo en toda Barcelona.

Pero las supermanzanas han generado un debate intenso y muchas críticas.
Por eso hemos manifestado la necesidad de repensar el proyecto para hacerlo con consenso y yendo de la mano de todos los sectores implicados, sin excluir a nadie ni yendo en contra de nadie. No es lo mismo pacificar una zona de Poble Nou que pacificar otra del Centro o de Nou Barris. No podemos permitirnos un modelo que nos lleve a la gentrificación ni que genere desigualdades. Es, en definitiva, una cuestión de modelo, de modo de hacer. Lo mismo ocurre con el Plan de usos del Eixample, que se ha hecho sin contar con el comercio y que se quiere aplicar en todo el distrito, sin tener en cuenta las especificidades y las necesidades de los diferentes barrios.

Alguien se ha referido a Montjuïc como «la montaña de las oportunidades perdidas». ¿Cuándo se acometerá con decisión un gran proyecto cultural por Montjuïc?
Ya existe, lo que ocurre es que no se ha hecho. Ahora hemos hecho algo muy importante que empezamos en mi etapa en Cultura, que ha sido rehabilitar el pabellón Victoria Eugenia, que debe incorporarse al MNAC, que ganará metros expositivos. Esto liga con el proyecto de remodelación de la Fira, teniendo por delante la fecha del centenario, en el 2029.

Queríamos preguntarle por eso, sobre el proyecto en torno al espacio ferial de Montjuïc.
Bien, en esta visión mixta de usos, hemos incluido espacio económico, la rehabilitación de los pabellones de la Fira con actividad permanente económica, que es una de las novedades. La Feria del futuro no será sólo para exposiciones temporales, sino que en el pabellón Iberia habrá una actividad permanente, como un show room de la economía de la ciudad. Y hemos integrado también vivienda asequible, que es necesaria para el barrio del Poble Sec, usos culturales en el Victoria Eugenia, usos deportivos en el pabellón de Italia y en el Palacio de Deportes. Yo añadiría, aunque esto no está suficientemente maduro, que es clave el tema de la movilidad. Para integrar todos estos procesos, será necesario un plan de movilidad.

La accesibilidad no es el punto fuerte de Montjuïc.
La accesibilidad y la seguridad son clave. Es un proyecto permanentemente inacabado. El debate sobre Montjuïc lo escuchamos desde la recuperación de la democracia. El gran argumento para acabar de realizar la transformación de la montaña es el centenario de la Exposición, que ya tiene presupuesto. La asignatura que todavía tenemos pendiente es la de la movilidad y qué modelo debemos implantar, desde las escaleras mecánicas hasta el transporte público. Hay bastante atractivos, desde los museos a los espacios olímpicos.

Otro tema abierto es la regeneración del litoral. La Generalitat acaba de entrar en el Consorci del Besòs. ¿Qué papel tendrán Las Tres Chimeneas para culminar la fachada litoral de Barcelona?
Ante todo, debemos ver qué quieren los ayuntamientos que tienen las Tres Chimeneas, que son Sant Adrià y Badalona. Empecemos por pedir qué interés tienen, porque el debate sobre las Tres Chimeneas, como ocurre a menudo, se ha hecho desde Barcelona sin pensar que hay unos municipios que tienen unas realidades propias y unas necesidades de desarrollo urbano y creación de nuevas oportunidades. En el litoral de la ciudad de Barcelona tenemos la Politécnica, Tersa, la placa fotovoltaica… Es decir, existe un relato que tiene que ver con las energías renovables que, desde mi punto de vista personal, debería saltar el río. Las Tres Chimeneas no dejan de ser un símbolo de un proyecto energético superado. El sector de las energías renovables concentra en estos momentos un gran interés por parte de los inversores privados. Sé que hay otros proyectos, pero creo que esta reflexión debemos hacerla.

Pero se ha firmado un compromiso con la Generalitat. En uno de los documentos remitidos por la Generalitat se apuesta por un hub audiovisual.
Lo que se ha firmado es la entrada de la Generalidad en el Consorci del Besòs, que me parece muy importante. También lo ha hecho el AMB porque el Consorci es el instrumento que tenemos para desarrollar urbanísticamente el territorio. La zona de Santa Coloma, Sant Adrià y Badalona está muy castigada por el paro, con barrios muy vulnerables, y debemos garantizar proyectos muy sólidos, de nueva industria, que arraiguen en el territorio y tengan futuro. Y creo que el sector de las renovables es uno de ellos.

¿En qué estado se encuentra la ampliación de la estación de Sants? ¿Y la Sagrera?
La Sagrera bien. Hay consignados 500 millones de euros de presupuesto. Creo que hemos arrancado después de diez años de parálisis de muchos proyectos pendientes. Creo que estamos viviendo un momento dulce en el sentido de ejecutar proyectos estratégicos, como es el caso de la Sagrera, nodo de comunicación clave para toda la transformación de la zona del Fórum, polígono Besòs, Sagrera, formando parte de esta nueva C que se diseñó y quedó interrumpida, en parte por la crisis económica y en parte por la desidia política.

¿Cómo está el proyecto de cambio de ubicación del Hospital Clínic?
El Clínic se desbloqueó y no costó un euro. Yo me encontré con un proyecto como vicepresidente de la Diputación. ¿Cuánto costaba ponernos de acuerdo? Nada. Diputación, porque se habló de que fuera a la Escuela Industrial, pero la Diputación tenía reticencias por un tema de conservación del patrimonio histórico, y debía estar la Universidad de Barcelona, por supuesto. Aquí aprovecho para reconocer el papel que tuvo el rector Elias. La solución que ya tenemos es acudir a pistas universitarias. Por eso digo que voluntad política y presupuestos deben ir juntos. En el caso de la Sagrera, hemos tenido ambas cosas. En el caso de Sants, nos falta la segunda, que es la económica. En el plan de cercanías ya van ampliación de vías que afectan a Sants. Hemos desatascado el tema de la parcela de la estación de autobuses, donde irán residencias de estudiantes. Pero falta encontrar la solución final. La pandemia nos ha ayudado a crear el clima para la ampliación del Clínic, pero también para la ampliación del Hospital del Mar, para el que hemos logrado fondos europeos para culminarlo. O por el nuevo campus de Vall d’Hebron, que es un proyecto magnífico de investigación.

Se ha anunciado este enero la rehabilitación del Invernadero. ¿Por qué ahora, después de años de abandono?
Porque hemos encontrado el dinero para hacerlo. Yo iría más allá del Invernadero. Creo que hay allí algunas piezas clave: el Museo de Historia Natural, muy decimonónico pero con su atractivo y que ya es en sí una muestra de cómo se explicaba la naturaleza hace cien años, y el Museo de Geología. Hemos empezado por el Invernadero porque era lo más evidente. Todo el conjunto formaría parte del hub del conocimiento que queremos que sea el entorno de la Ciutadella. Tendremos los museos clásicos y tendremos el Mercat del Peix, donde estará el nuevo centro de investigación vinculado a la Pompeu Fabra y al CSIC, donde habrá toda la investigación vinculada a la biología, que se está construyendo ya. Es donde termina la zona de la Pompeu, donde estará también la biblioteca provincial, que hemos desatascado, y que irá a la rotonda que bordea el parque, junto a la estación de Francia.

¿Cómo se encuentra la interlocución entre el Ayuntamiento y el sector turístico?
Tengo una excelente relación con el sector. Creo que la pandemia ha servido para equilibrar el debate. Había una corriente de turismofobia muy ideologizada. También motivos objetivos de malestar, con zonas de turismo descontrolado que era vivido negativamente por los vecinos. Pero con la pandemia hemos visto la cara B, con barrios con más de un 50% de paro. Y cuando íbamos a los barrios a preguntar dónde trabajaba la gente en paro, nos decían que en los hoteles. Todo el mundo ha visto la otra cara de no tener turismo en Barcelona, en una situación extrema. Es un sector productivo, además de dar respuesta a la inquietud que tiene el ser humano de viajar. Debemos ir a un modelo turístico que sea gobernable y al mismo tiempo que venga el turismo que nos interesa, el que respeta el destino. No hablo de nivel económico, sino de quien viene a conocer la cultura o la gastronomía. Esto no debe ser ni un parque temático ni una playa, es una ciudad con una riqueza cultural y climática, y el turismo puede hacernos enriquecer nuestra oferta. El 60% de quienes van a los museos son turistas y nos damos cuenta de hasta qué punto el sistema cultural en la ciudad gira en torno al turismo. Volvemos a realizar promoción turística en Barcelona, hacía seis años que no se hacía. Hemos ido al mercado americano, al mercado ruso.

¿La relación con el Gremio de Hoteles ha mejorado?
Yo tengo con ellos una excelente relación. Es un gran aliado del turismo de calidad de la ciudad. Porque los hoteles nos garantizan la gobernanza del turismo y nos permiten sumarse a la promoción de la ciudad. El lugar en el que dormirás es fundamental para la gestión del viaje. Aquí tenemos hoteles de primer nivel.

¿Cómo se reúne a la vez la recuperación económica y la lucha contra la desigualdad?
Una de las claves del éxito del modelo Barcelona es el concepto de crecimiento inclusivo, que históricamente habíamos logrado mantener, hasta la crisis de 2008. Es decir, debemos crecer. Combatiré a aquellos que quieren hacer un modelo del decrecimiento, que implica más desigualdad y más pobreza. Pero debemos crecer de manera diferente, dando oportunidad a los jóvenes, a las pymes. Pero yo no quiero ser el campeón de las ayudas sociales, sino de la creación de riqueza y puestos de trabajo. Esto es crecimiento inclusivo. No recuerdo si fue Foment o el Círculo de Economía quien lanzó el concepto de prosperidad compartida, y me gustó mucho. La idea de que si la prosperidad no es repartida, es otra cosa. En la exposición de Gaudí, se ven contrapuestos un busto de una señora de clase alta y una portada de L’Esquella de la Torratxa, las dos caras de Barcelona, que son una constante histórica de nuestra ciudad. Forma parte de nuestra historia y nuestro ADN. Yo me siento mucho más heredero de unos que de otros, como es obvio, porque pertenezco a una tradición de izquierdas. Pero un modelo de prosperidad compartida es el que ha hecho la Barcelona democrática. Durante los primeros treinta años de democracia, crecía la renta per cápita y descendía la desigualdad. Esto se rompe con la crisis financiera de 2008. Desde las políticas públicas se puede conseguir proteger a los excluidos y dar oportunidades.

¿Hay algún referente de ciudad europea que tenga en mente?
Con un discurso así, no lo he escuchado todavía. El modelo económico determina mucho el modelo de ciudad. Una economía diversificada como la que nosotros propulsamos nos dará un modelo de ciudad, más abierta, dinámica, que no sufra tanto por las crisis. Creo que en las ciudades socialdemócratas este factor se tiene más presente. En estos momentos, seríamos la antítesis de Madrid. Las desigualdades que se están generando entre Madrid ciudad y Madrid Comunidad acabarán estallando. Porque no ves que haya ni siquiera una inquietud por saber que la riqueza que se está generando en el territorio tiene un objetivo que no es la riqueza en sí misma, sino generar más bienestar para la gente. Esa perspectiva de la que los actuales dirigentes de Madrid carecen, nosotros la tenemos. No sólo porque seamos un gobierno progresista, sino porque forma parte del ADN de la ciudad.

¿Cómo ve el futuro de la ciudad en relación al área metropolitana?
Es que todo lo que he dicho vale para el área metropolitana. Muchos de los objetivos que nosotros nos planteamos como ciudad son inseparables de la Barcelona metrópoli: políticas de vivienda, políticas de conectividad y transporte. La dimensión es ya metropolitana. Seguimos teniendo un desencaje, todavía no abordado en serio, entre la lógica institucional y la lógica real de la economía, de la cultura y de la movilidad. Por muchos motivos, por la beligerancia histórica del nacionalismo durante muchos años, y también porque no ha existido la determinación para abordarlo definitivamente. Hemos dado pasos muy importantes, en transportes, en residuos. Pero el ámbito económico todavía no está del todo resuelto. El ámbito cultural tampoco. Nosotros tenemos esta inquietud de cómo entrelazar la identidad cultural metropolitana. Recuerdo que organizamos un festival de danza metropolitano, programando danza en la calle y escénica en la primera corona metropolitana de Barcelona. La gente no distingue entre municipios, va en metro y cruza varios municipios. Yo siempre cuento cuando viajo, por ejemplo cuando voy a Asia, que somos 3,2 millones. No digo que somos 1,6 millones. El área metropolitana son 3,2 millones. Y si hablamos de la región metropolitana somos 5 millones. En muchos sitios, comienzas a ser alguien a partir de 3 millones. Cuando vamos fuera a buscar inversiones, explicamos la gran Barcelona. Esto fácticamente ya es así, respetando la idiosincrasia y la identidad de todos los municipios. Y Barcelona ciudad no saldrá adelante si no tiene esa óptica metropolitana.

¿El AMB funciona suficientemente bien?
Yo soy partidario de la ampliación del AMB. En mi partido, hay un debate al respecto. Barcelona saltó los ríos, ahora debe saltar la montaña. Tenemos unas comarcas como el Vallès Oriental, el Vallès Occidental o el Maresme, la segunda corona, que deben ir incorporándose institucional y políticamente.

De todos los proyectos de los que hemos hablado, ¿cuál se llevaría para la próxima legislatura? ¿Cuál encarnaría mejor su idea de ciudad?
El 22@ es un distrito eminentemente económico, pero encarna una filosofía de mixtura de usos, equilibrio, fidelidad a una tradición y una visión de la ciudad, participación de los vecinos y colaboración público-privada, una concepción equilibrada de la movilidad. Hay equipamientos de proximidad. Barcelona tiene centros cívicos, bibliotecas, mercados, a quince minutos de casa. La Barcelona de los quince minutos existe. Algunos lo han descubierto ahora en el norte de Europa. Contamos con 500 equipamientos públicos de proximidad en la ciudad de Barcelona. Todo esto puede sintetizarse en el 22@, que también simboliza la protección del patrimonio. Hay 300 edificios protegidos.

Se ha referido a la colaboración público-privada. ¿Quiere añadir algo sobre este aspecto?
Bien, forma parte del ADN de la ciudad. Recientemente tuvimos un debate muy interesante con agentes culturales e hicimos un repaso de todos los proyectos que tienen los equipamientos culturales de la ciudad y, si los sumamos, la suma realiza un proyecto. Políticamente, soy consciente de que la ciudad necesita un liderazgo público más claro. Esta ciudad está acostumbrada a tener retos colectivos y que exista un liderazgo público dinamizador y creador de oportunidades. Esto probablemente no lo hemos tenido en los últimos años. Yo me ofrezco a hacerlo porque lo estoy haciendo desde la responsabilidad que tengo y porque he demostrado que sé hacerlo. Un ejemplo es La Vuelta, que volverá a Barcelona en 2023. O mi posicionamiento a favor de la celebración de los JJOO de invierno, o la candidatura de Barcelona para acoger la America’s CUP.

Sin embargo, hay proyectos que han quedado desterrados, desde el Hermitage a la ampliación del aeropuerto.
Yo dije en uno de los últimos plenos que no renuncio a nada. Estoy trabajando y trabajaré para que todo esto sea posible, porque no quiero renunciar a ningún proyecto que sea bueno para Barcelona. Sobre El Prat, deberemos sentarnos quienes seamos partidarios, no de esta ampliación o de esta otra, sino de si debemos tener más conectividad intercontinental en Barcelona sí o no. Quienes creemos que sí, debemos ponernos a trabajar para este escenario cuando llegue el momento de las decisiones políticas.

Por Pep Martí

Jaume Collboni (Barcelona, 1969) es primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y responsable de las áreas de Economía, Trabajo, Competitividad y Hacienda. Con anterioridad fue jefe de las áreas de Empresa, Innovación y Cultura. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona y postgrado de Dirección de Sistemas de Información por el IDEC-Universitat Pompeu Fabra, Collboni pasa revista en esta entrevista a los principales proyectos puestos en marcha por el Ayuntamiento y ofrece su visión sobre el presente y el futuro de Barcelona.

Una de las herramientas adoptadas desde el Ayuntamiento para afrontar la crisis pandémica fue la creación del Centro de Coordinación de la Respuesta Económica (CECORE), que se dotó en 87 millones. ¿Qué impacto ha tenido?
Es una de las innovaciones provocadas por la pandemia. Su filosofía es integrar todas las políticas de reactivación económica que tiene la ciudad, ajustadas a las necesidades de cada momento de la pandemia. Normalmente, las políticas públicas, especialmente en economía, son planificaciones de escenarios. En este caso, nosotros debíamos tener un mecanismo de respuesta inmediata en función de dos factores: de los sectores económicos, que nos suministraban información de cómo estábamos, y de un sistema de datos que iba desde el consumo de tarjetas de crédito hasta datos estadísticos que nos iban diciendo en tiempo real cómo estaba la ciudad. En función de esto, hemos ajustado presupuesto y medidas a llevar a cabo. El primer objetivo fue salvar vidas, el segundo proteger a empresas y puestos de trabajo. Y el tercero, reactivar la ciudad. Todo esto lo ha hecho el CECORE. Muchas cosas que a la gente les pueden sonar, como puede ser el Bonus Consum o las ayudas para la adaptación de los negocios, ayudas a la formación, a los procesos de digitalización, el “Amazon” de los mercados municipales, todas estas iniciativas parten del CECORE.

¿Está satisfecho?
Mucho. De hecho, se ha quedado. En CECORE también está Mercabarna, B:SM, Barcelona Activa… estructuras que han contribuido a la reactivación y a la transformación de nuestro modelo económico.

También se creó la Mesa ReAct como un foro estable con los agentes sociales para reactivar la ciudad. ¿Cómo está evolucionando?
El ReAct nace de la voluntad de ir sumando conocimientos y señalando objetivos a medio y largo plazo sobre la transformación de la economía de la ciudad. Todo, en base a nuestra hoja de ruta, Barcelona Green Deal, que presenté en el Círculo de Economía dos meses antes de la pandemia, en la que señalamos el gran objetivo con el 2030 en el horizonte, que es diversificar la economía de la ciudad.

¿Sobre qué pilares?
Esto queremos hacerlo en base a dos factores competitivos donde Barcelona sobresale, que son el talento y la tecnología. De ahí surge un mapa que es el Barcelona Green Deal 2030, cuyo último episodio hemos visto con la aprobación del 22@, que supone hacer llegat en la ciudad áreas de transformación urbana, o cajas como son el edificio de Correos, recuperado para la ciudad para instalar, en este caso, empresas y start-up vinculadas a la movilidad y la logística. Nosotros hemos hecho dos cosas muy importantes. Una fue parar el golpe durante la pandemia. Que no fue poca cosa porque ahora mismo estamos en el 6,6% de datos de paro EPA en la ciudad. Los expertos dicen que el pleno empleo es el 5%, que responde a la rotación propia del mercado. No voy a decir que estemos en pleno empleo, pero estamos en un 6,6. La reactivación se ha producido porque la mejor política social es crear puestos de trabajo. Pero la otra cosa que hemos hecho es transformar, que es una cosa más a medio plazo. En este 2022, en el presupuesto municipal hay 753 millones en inversión, lo que significa en transformación tangible de la ciudad. Hemos lanzado el planeamiento que supondrá un millón de metros cuadrados de suelo. En el plan 22@ 2000-20 se desarrollaron 1,2 millones de metros cuadrados, ahora hemos añadido un millón más. Esto son 60.000 puestos de trabajo potenciales más. Este mes de marzo hemos estado en el MIPIM, en Cannes, y en octubre estaremos en Munich, donde buscaremos inversores. Hay bastantes expectativas sobre la ciudad.

¿Cómo ve el 22@ en los próximos años?
Es la decisión más relevante de transformación urbana que se va a tomar en este mandato y de los últimos diez años. Supone culminar el proceso iniciado en 2000, con nuevos criterios. Nuestros predecesores fueron unos visionarios y yo me siento heredero de ellos. En ese momento, la relación techo económico/vivienda era 90/10 y hemos pasado a 70/30. Porque la ciudad tiene una necesidad objetiva de vivienda protegida y, además, hemos introducido todos los elementos de sostenibilidad y nuevas tendencias del urbanismo contemporáneo. Éste será uno de los proyectos en los que mejor veremos la Barcelona del futuro, que implica mixtura de usos, políticas inclusivas, equipamientos. La vivienda será mayoritariamente asequible, sea de promoción privada o pública, de alquiler fundamentalmente. Hemos visto que hay mucha energía retenida en estos dos años, y también mucho dinero de gente que tiene ganas de hacer cosas.

¿Qué valoración hace del proceso de impulso de las supermanzanas y ejes verdes?
De nuevo me remito a los alcaldes socialistas de la ciudad. Ellos fueron quienes innovaron, en su momento, para hacerla más amable y lo hicieron a través de la pacificación de las calles. Sant Andreu o la Vila de Gràcia son las primeras supermanzanas que tuvo Barcelona. Pero la Barcelona de ahora, y la del futuro, exige un nuevo modelo de ciudad, verde, con carriles exclusivos para el transporte público, con carriles para los vehículos de movilidad personal y con grandes zonas peatonales. Ahora bien, Barcelona es tan grande que cabe todo, pero no cabe todo en toda Barcelona.

Pero las supermanzanas han generado un debate intenso y muchas críticas.
Por eso hemos manifestado la necesidad de repensar el proyecto para hacerlo con consenso y yendo de la mano de todos los sectores implicados, sin excluir a nadie ni yendo en contra de nadie. No es lo mismo pacificar una zona de Poble Nou que pacificar otra del Centro o de Nou Barris. No podemos permitirnos un modelo que nos lleve a la gentrificación ni que genere desigualdades. Es, en definitiva, una cuestión de modelo, de modo de hacer. Lo mismo ocurre con el Plan de usos del Eixample, que se ha hecho sin contar con el comercio y que se quiere aplicar en todo el distrito, sin tener en cuenta las especificidades y las necesidades de los diferentes barrios.

Alguien se ha referido a Montjuïc como «la montaña de las oportunidades perdidas». ¿Cuándo se acometerá con decisión un gran proyecto cultural por Montjuïc?
Ya existe, lo que ocurre es que no se ha hecho. Ahora hemos hecho algo muy importante que empezamos en mi etapa en Cultura, que ha sido rehabilitar el pabellón Victoria Eugenia, que debe incorporarse al MNAC, que ganará metros expositivos. Esto liga con el proyecto de remodelación de la Fira, teniendo por delante la fecha del centenario, en el 2029.

Queríamos preguntarle por eso, sobre el proyecto en torno al espacio ferial de Montjuïc.
Bien, en esta visión mixta de usos, hemos incluido espacio económico, la rehabilitación de los pabellones de la Fira con actividad permanente económica, que es una de las novedades. La Feria del futuro no será sólo para exposiciones temporales, sino que en el pabellón Iberia habrá una actividad permanente, como un show room de la economía de la ciudad. Y hemos integrado también vivienda asequible, que es necesaria para el barrio del Poble Sec, usos culturales en el Victoria Eugenia, usos deportivos en el pabellón de Italia y en el Palacio de Deportes. Yo añadiría, aunque esto no está suficientemente maduro, que es clave el tema de la movilidad. Para integrar todos estos procesos, será necesario un plan de movilidad.

La accesibilidad no es el punto fuerte de Montjuïc.
La accesibilidad y la seguridad son clave. Es un proyecto permanentemente inacabado. El debate sobre Montjuïc lo escuchamos desde la recuperación de la democracia. El gran argumento para acabar de realizar la transformación de la montaña es el centenario de la Exposición, que ya tiene presupuesto. La asignatura que todavía tenemos pendiente es la de la movilidad y qué modelo debemos implantar, desde las escaleras mecánicas hasta el transporte público. Hay bastante atractivos, desde los museos a los espacios olímpicos.

Otro tema abierto es la regeneración del litoral. La Generalitat acaba de entrar en el Consorci del Besòs. ¿Qué papel tendrán Las Tres Chimeneas para culminar la fachada litoral de Barcelona?
Ante todo, debemos ver qué quieren los ayuntamientos que tienen las Tres Chimeneas, que son Sant Adrià y Badalona. Empecemos por pedir qué interés tienen, porque el debate sobre las Tres Chimeneas, como ocurre a menudo, se ha hecho desde Barcelona sin pensar que hay unos municipios que tienen unas realidades propias y unas necesidades de desarrollo urbano y creación de nuevas oportunidades. En el litoral de la ciudad de Barcelona tenemos la Politécnica, Tersa, la placa fotovoltaica… Es decir, existe un relato que tiene que ver con las energías renovables que, desde mi punto de vista personal, debería saltar el río. Las Tres Chimeneas no dejan de ser un símbolo de un proyecto energético superado. El sector de las energías renovables concentra en estos momentos un gran interés por parte de los inversores privados. Sé que hay otros proyectos, pero creo que esta reflexión debemos hacerla.

Pero se ha firmado un compromiso con la Generalitat. En uno de los documentos remitidos por la Generalitat se apuesta por un hub audiovisual.
Lo que se ha firmado es la entrada de la Generalidad en el Consorci del Besòs, que me parece muy importante. También lo ha hecho el AMB porque el Consorci es el instrumento que tenemos para desarrollar urbanísticamente el territorio. La zona de Santa Coloma, Sant Adrià y Badalona está muy castigada por el paro, con barrios muy vulnerables, y debemos garantizar proyectos muy sólidos, de nueva industria, que arraiguen en el territorio y tengan futuro. Y creo que el sector de las renovables es uno de ellos.

¿En qué estado se encuentra la ampliación de la estación de Sants? ¿Y la Sagrera?
La Sagrera bien. Hay consignados 500 millones de euros de presupuesto. Creo que hemos arrancado después de diez años de parálisis de muchos proyectos pendientes. Creo que estamos viviendo un momento dulce en el sentido de ejecutar proyectos estratégicos, como es el caso de la Sagrera, nodo de comunicación clave para toda la transformación de la zona del Fórum, polígono Besòs, Sagrera, formando parte de esta nueva C que se diseñó y quedó interrumpida, en parte por la crisis económica y en parte por la desidia política.

¿Cómo está el proyecto de cambio de ubicación del Hospital Clínic?
El Clínic se desbloqueó y no costó un euro. Yo me encontré con un proyecto como vicepresidente de la Diputación. ¿Cuánto costaba ponernos de acuerdo? Nada. Diputación, porque se habló de que fuera a la Escuela Industrial, pero la Diputación tenía reticencias por un tema de conservación del patrimonio histórico, y debía estar la Universidad de Barcelona, por supuesto. Aquí aprovecho para reconocer el papel que tuvo el rector Elias. La solución que ya tenemos es acudir a pistas universitarias. Por eso digo que voluntad política y presupuestos deben ir juntos. En el caso de la Sagrera, hemos tenido ambas cosas. En el caso de Sants, nos falta la segunda, que es la económica. En el plan de cercanías ya van ampliación de vías que afectan a Sants. Hemos desatascado el tema de la parcela de la estación de autobuses, donde irán residencias de estudiantes. Pero falta encontrar la solución final. La pandemia nos ha ayudado a crear el clima para la ampliación del Clínic, pero también para la ampliación del Hospital del Mar, para el que hemos logrado fondos europeos para culminarlo. O por el nuevo campus de Vall d’Hebron, que es un proyecto magnífico de investigación.

Se ha anunciado este enero la rehabilitación del Invernadero. ¿Por qué ahora, después de años de abandono?
Porque hemos encontrado el dinero para hacerlo. Yo iría más allá del Invernadero. Creo que hay allí algunas piezas clave: el Museo de Historia Natural, muy decimonónico pero con su atractivo y que ya es en sí una muestra de cómo se explicaba la naturaleza hace cien años, y el Museo de Geología. Hemos empezado por el Invernadero porque era lo más evidente. Todo el conjunto formaría parte del hub del conocimiento que queremos que sea el entorno de la Ciutadella. Tendremos los museos clásicos y tendremos el Mercat del Peix, donde estará el nuevo centro de investigación vinculado a la Pompeu Fabra y al CSIC, donde habrá toda la investigación vinculada a la biología, que se está construyendo ya. Es donde termina la zona de la Pompeu, donde estará también la biblioteca provincial, que hemos desatascado, y que irá a la rotonda que bordea el parque, junto a la estación de Francia.

¿Cómo se encuentra la interlocución entre el Ayuntamiento y el sector turístico?
Tengo una excelente relación con el sector. Creo que la pandemia ha servido para equilibrar el debate. Había una corriente de turismofobia muy ideologizada. También motivos objetivos de malestar, con zonas de turismo descontrolado que era vivido negativamente por los vecinos. Pero con la pandemia hemos visto la cara B, con barrios con más de un 50% de paro. Y cuando íbamos a los barrios a preguntar dónde trabajaba la gente en paro, nos decían que en los hoteles. Todo el mundo ha visto la otra cara de no tener turismo en Barcelona, en una situación extrema. Es un sector productivo, además de dar respuesta a la inquietud que tiene el ser humano de viajar. Debemos ir a un modelo turístico que sea gobernable y al mismo tiempo que venga el turismo que nos interesa, el que respeta el destino. No hablo de nivel económico, sino de quien viene a conocer la cultura o la gastronomía. Esto no debe ser ni un parque temático ni una playa, es una ciudad con una riqueza cultural y climática, y el turismo puede hacernos enriquecer nuestra oferta. El 60% de quienes van a los museos son turistas y nos damos cuenta de hasta qué punto el sistema cultural en la ciudad gira en torno al turismo. Volvemos a realizar promoción turística en Barcelona, hacía seis años que no se hacía. Hemos ido al mercado americano, al mercado ruso.

¿La relación con el Gremio de Hoteles ha mejorado?
Yo tengo con ellos una excelente relación. Es un gran aliado del turismo de calidad de la ciudad. Porque los hoteles nos garantizan la gobernanza del turismo y nos permiten sumarse a la promoción de la ciudad. El lugar en el que dormirás es fundamental para la gestión del viaje. Aquí tenemos hoteles de primer nivel.

¿Cómo se reúne a la vez la recuperación económica y la lucha contra la desigualdad?
Una de las claves del éxito del modelo Barcelona es el concepto de crecimiento inclusivo, que históricamente habíamos logrado mantener, hasta la crisis de 2008. Es decir, debemos crecer. Combatiré a aquellos que quieren hacer un modelo del decrecimiento, que implica más desigualdad y más pobreza. Pero debemos crecer de manera diferente, dando oportunidad a los jóvenes, a las pymes. Pero yo no quiero ser el campeón de las ayudas sociales, sino de la creación de riqueza y puestos de trabajo. Esto es crecimiento inclusivo. No recuerdo si fue Foment o el Círculo de Economía quien lanzó el concepto de prosperidad compartida, y me gustó mucho. La idea de que si la prosperidad no es repartida, es otra cosa. En la exposición de Gaudí, se ven contrapuestos un busto de una señora de clase alta y una portada de L’Esquella de la Torratxa, las dos caras de Barcelona, que son una constante histórica de nuestra ciudad. Forma parte de nuestra historia y nuestro ADN. Yo me siento mucho más heredero de unos que de otros, como es obvio, porque pertenezco a una tradición de izquierdas. Pero un modelo de prosperidad compartida es el que ha hecho la Barcelona democrática. Durante los primeros treinta años de democracia, crecía la renta per cápita y descendía la desigualdad. Esto se rompe con la crisis financiera de 2008. Desde las políticas públicas se puede conseguir proteger a los excluidos y dar oportunidades.

¿Hay algún referente de ciudad europea que tenga en mente?
Con un discurso así, no lo he escuchado todavía. El modelo económico determina mucho el modelo de ciudad. Una economía diversificada como la que nosotros propulsamos nos dará un modelo de ciudad, más abierta, dinámica, que no sufra tanto por las crisis. Creo que en las ciudades socialdemócratas este factor se tiene más presente. En estos momentos, seríamos la antítesis de Madrid. Las desigualdades que se están generando entre Madrid ciudad y Madrid Comunidad acabarán estallando. Porque no ves que haya ni siquiera una inquietud por saber que la riqueza que se está generando en el territorio tiene un objetivo que no es la riqueza en sí misma, sino generar más bienestar para la gente. Esa perspectiva de la que los actuales dirigentes de Madrid carecen, nosotros la tenemos. No sólo porque seamos un gobierno progresista, sino porque forma parte del ADN de la ciudad.

¿Cómo ve el futuro de la ciudad en relación al área metropolitana?
Es que todo lo que he dicho vale para el área metropolitana. Muchos de los objetivos que nosotros nos planteamos como ciudad son inseparables de la Barcelona metrópoli: políticas de vivienda, políticas de conectividad y transporte. La dimensión es ya metropolitana. Seguimos teniendo un desencaje, todavía no abordado en serio, entre la lógica institucional y la lógica real de la economía, de la cultura y de la movilidad. Por muchos motivos, por la beligerancia histórica del nacionalismo durante muchos años, y también porque no ha existido la determinación para abordarlo definitivamente. Hemos dado pasos muy importantes, en transportes, en residuos. Pero el ámbito económico todavía no está del todo resuelto. El ámbito cultural tampoco. Nosotros tenemos esta inquietud de cómo entrelazar la identidad cultural metropolitana. Recuerdo que organizamos un festival de danza metropolitano, programando danza en la calle y escénica en la primera corona metropolitana de Barcelona. La gente no distingue entre municipios, va en metro y cruza varios municipios. Yo siempre cuento cuando viajo, por ejemplo cuando voy a Asia, que somos 3,2 millones. No digo que somos 1,6 millones. El área metropolitana son 3,2 millones. Y si hablamos de la región metropolitana somos 5 millones. En muchos sitios, comienzas a ser alguien a partir de 3 millones. Cuando vamos fuera a buscar inversiones, explicamos la gran Barcelona. Esto fácticamente ya es así, respetando la idiosincrasia y la identidad de todos los municipios. Y Barcelona ciudad no saldrá adelante si no tiene esa óptica metropolitana.

¿El AMB funciona suficientemente bien?
Yo soy partidario de la ampliación del AMB. En mi partido, hay un debate al respecto. Barcelona saltó los ríos, ahora debe saltar la montaña. Tenemos unas comarcas como el Vallès Oriental, el Vallès Occidental o el Maresme, la segunda corona, que deben ir incorporándose institucional y políticamente.

De todos los proyectos de los que hemos hablado, ¿cuál se llevaría para la próxima legislatura? ¿Cuál encarnaría mejor su idea de ciudad?
El 22@ es un distrito eminentemente económico, pero encarna una filosofía de mixtura de usos, equilibrio, fidelidad a una tradición y una visión de la ciudad, participación de los vecinos y colaboración público-privada, una concepción equilibrada de la movilidad. Hay equipamientos de proximidad. Barcelona tiene centros cívicos, bibliotecas, mercados, a quince minutos de casa. La Barcelona de los quince minutos existe. Algunos lo han descubierto ahora en el norte de Europa. Contamos con 500 equipamientos públicos de proximidad en la ciudad de Barcelona. Todo esto puede sintetizarse en el 22@, que también simboliza la protección del patrimonio. Hay 300 edificios protegidos.

Se ha referido a la colaboración público-privada. ¿Quiere añadir algo sobre este aspecto?
Bien, forma parte del ADN de la ciudad. Recientemente tuvimos un debate muy interesante con agentes culturales e hicimos un repaso de todos los proyectos que tienen los equipamientos culturales de la ciudad y, si los sumamos, la suma realiza un proyecto. Políticamente, soy consciente de que la ciudad necesita un liderazgo público más claro. Esta ciudad está acostumbrada a tener retos colectivos y que exista un liderazgo público dinamizador y creador de oportunidades. Esto probablemente no lo hemos tenido en los últimos años. Yo me ofrezco a hacerlo porque lo estoy haciendo desde la responsabilidad que tengo y porque he demostrado que sé hacerlo. Un ejemplo es La Vuelta, que volverá a Barcelona en 2023. O mi posicionamiento a favor de la celebración de los JJOO de invierno, o la candidatura de Barcelona para acoger la America’s CUP.

Sin embargo, hay proyectos que han quedado desterrados, desde el Hermitage a la ampliación del aeropuerto.
Yo dije en uno de los últimos plenos que no renuncio a nada. Estoy trabajando y trabajaré para que todo esto sea posible, porque no quiero renunciar a ningún proyecto que sea bueno para Barcelona. Sobre El Prat, deberemos sentarnos quienes seamos partidarios, no de esta ampliación o de esta otra, sino de si debemos tener más conectividad intercontinental en Barcelona sí o no. Quienes creemos que sí, debemos ponernos a trabajar para este escenario cuando llegue el momento de las decisiones políticas.

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